Miércoles 12 de octubre de 2011.
Llevo un mes y medio en esta vida que parece sacada de un libro de ciencia ficción. Digo ciencia ficción porque por más que uno sepa que existe gente distinta a uno, el vivir con ellos es una cosa muy distinta. Debo reconocer que me estoy cansando, y digo esto porque me interesa que conozcan el blanco y negro de este viaje. Al principio todo era pintoresco y amoroso, y a uno le parecen increíbles los colores y los distintos estilos de vida. Después te empieza a dar pena, al descubrir la verdadera realidad, y a veces te da rabia. Estoy en esa etapa en que me gustaría ser el ser más egoísta del mundo, mandarme a cambiar y gastar mi plata en lujos. En dejar de pensar y olvidarme que existe una realidad tan distinta a la mía. En querer contratar un guía que me lleve a caminar entre las infinitas montañas y perderme. Estoy pasando por ese momento en que no quiero comer más arroz, por más rico que lo cocinen, y pedir más y más leche de búfalo sin pensar en todo el esfuerzo que hay por detrás. Quiero tomar un taxi en vez de subirme a esa micro en la que cada segundo crees que vas a sufrir un accidente. Quiero infinitas duchas de agua caliente. Quiero mi ropa limpia, sin hoyos y ordenada en un closet. No quiero que me pidan regalos (lo hacen). Quiero estar sola (Ahora lo estoy y es un placer, hoy me dijeron que cerrara con pestillo la puerta de la tele y como comimos temprano me acosté como a las 7:30.). No quiero sentir que engordo día a día y no puedo hacer nada al respecto. No quiero ver a los hombres abrazados en las calles y las falsas películas romántcas nepalesas. No quiero ver que mi padre adoptivo está mal del corazón. No quiero ver a las mujeres trabajando todo el día y sin recibir ni un “gracias”. No quiero ver a los hombres jugar cartas todo el tiempo. No quiero ver la falta de organización de los nepaleses. No quiero que me ofrezcan artesanías y que me miren con cara de fundación benéfica. No quiero escuchar a los niños diciendo “Gimme sweet”. No quiero... no quiero... no quiero...
Quiero imaginar que esto es como cuando haces ejercicio. En un momento te estás muriendo de cansancio, pero llega un punto en que cruzas la barrera del dolor y el panorama cambia. Y es que no es que sienta dolor; si bien siento incomodidad porque no estoy en mi hábitat natural, ellos se sacan más la mugre que uno. Y mi pega acá es bien sencillita. Creo que les sirve más mi plata que mi trabajo. Y no está mal, si de todas maneras producen cambios, pero a veces me da la sensación de que las cosas aquí no van a cambiar, por lo menos no para la mayoría. Gracias al turismo algunos jóvenes están saliendo adelante, y eso me gusta. Pero son los que tienen una mentalidad más globalizada y occidental.
Si algún alumno me está leyendo ahora, mi consejo es: conozcan, conozcan y conozcan, y no se queden en lo fácil, lo cómodo. A pesar de lo triste que es la realidad para algunos, es bueno saberlo, conocerlo y aprehenderlo (que no es lo mismo que “aprender”) para valorar aún más lo que tenemos. Nuestra suerte es un beneficio y una herramienta que debemos saber utilizar. Como la parábola de los talentos. No se trata de dejarlo todo y hacernos todos pobres. Se trata de darles lo mejor de nosotros, porque se lo merecen, porque algunos se han sacado la mugre para merecerlo. Es cosa de ver el conflicto en la educación. La mayoría de los que me están leyendo han tenido una educación más privilegiada que el resto ¿Y qué hacemos con ella? Tenemos las capacidades intelectuales para construir un mundo mejor. Y si no todos tienen nuestra suerte, hagámoslos sentir más felices, más seguros. Con poco material estoy segura que si se puede ser feliz, pero para ello se necesita cambiar ciertas estructuras sociales. Todo esto lo digo de guata, la verdad es que se bien poco de política. Espero, al final de este viaje, tener la película más clara.
Jueves 13 de octubre de 2011:
Hoy amanecí de mejor ánimo que ayer. Y ahora me siento mucho mejor después de las palabras mágicas de Sanguita: “today-close-tv room”. Sé que soy una mañosa y una ermitaña, pero cada día valoro más mi privacidad.
El clima en este país cuando se despide el monzón es maravilloso: días soleados y tibios, con una fresca brisa que peina los campos de arroz, los que están cambiando su verde color a un amarillo trigo. Así fue como hoy disfruté la caminata al primer colegio donde realizamos mi nuevo proyecto: un concurso de pintura en el cual deben pintar el lugar donde viven. Por más que les expliqué diversas maneras de pintar, les mostré ejemplos de diversos pintores famosos y les di al menos 20 distintas ideas de cómo pintar el lugar donde viven, todos se copiaron. Lo que es peor, ninguno terminó la pintura. Cada día me siento más inútil en esta pega. Además siento que no trabajo bien con Shyam. El es muy simpatico, pero para trabajar siento que es un despelote. En él se ve perfectamente la falta de organización nepalesa. En ese sentido echo de menos a la Xime y a Tomás, que espero que me estén leyendo. Ustedes sí que fueron unos buenos jefes. En este caso en concepto de “feedback” no existe, y cuando propongo cosas no recibo ni un si ni un no. Ayer, si no se me ocurre preguntar no compran los materiales que necesitaba para hoy y que había pedido hace una semana. Hoy no teníamos los premios para el concurso... un desastre.
Mientras los niños pintaban, me encontré que en la biblioteca había una pesa. No pude evitar la tentación y mientras nadie me miraba la tomé y me paré sobre ella. ¡HORROR! Quisiera pensar que la pesa estaba mala, pero sospecho que tiene toda la razón, porque lo siento en el cuerpo. ¡He subido 7 kilos! 7 Kilos en un mes y medio. Un mes y medio de arroz, papas y porotos mañana y tarde. Espero, por favor, que así como fácilmente subí de peso, fácilmente los baje después. Comenté esta situación en la casa y todos rieron. Para aumentar mi depresión, Saila Dai me contó que una antigua voluntaria había llegado flaca a la casa y se había ido gorda. Así que prepárense porque al parecer van a presenciar lo que parecía imposible: Una Natalia gorda.
Hoy tuve la instancia de conversar con Saila Dai un poco, me preguntó si andaba bien porque los últimos días había estado muy callada. La verdad es que he estado callada porque nadie me habla en inglés, pero no tengo cómo explicarle eso. Además andan todos con la cara larga, hay varios enfermos en la casa. Y esta situación que a veces me desespera. Me estuvo hablando de su situación, me contó en secreto cuánto le pagaba la organización por tenerme ahí (bastante poco) Me contó lo que tenía que pagar por su inyección todos los meses ($4000 rupias, $28.000 chilenos), la única manera de mantenerse vivo; y del colegio de Deepak. Por vivir en el colegio deben pagar $7500 rupias, que vendrían siendo unas 50 lucas mensuales. Un exceso para alguien que apenas recibe plata. Me contó de los gastos en la casa y la plata que recibe por mí apenas le alcanza para comprar comida. Me siento pésimo cuando me cuenta eso. Me dan ganas de darle toda mi plata y devolverme a Chile, pero siento que esa no es la manera de ayudar. Al rato se va a quedar sin plata de nuevo. Es doloroso escuchar que no ha sido feliz, y que su vida no ha sido buena. Su problema al corazón es debido a que cuando niño no tuvo una buena alimentación. Saila Dai está pensando en vender el búfalo guagua. Ese búfalo vale $10.000 rupias, y eso no cubre un mes de gastos. No sé cómo ayudar. No sé cómo hacer que esa gente sea feliz. Y siento que tampoco corresponde que gaste toda mi plata destinada al viaje en ellos. Pagué mucho por el voluntariado (debo decir que gracias a las donaciones). Hoy por primera vez vi a Sanguita cargando pasto en la espalda, como las otras mujeres. Sanguita tiene 12 años, y un futuro algo desesperanzador. ¿Por qué debe ser la plata lo que nos mueve día a día? ¿Por qué la vida es tan injusta con algunos?
Voy a hacer un último comentario, algo cómico para alivianar la carga de mis pensamientos, y no contagiarlos con el bajoneo. Una cosa extraña que me llama la atención de esta cultura es que es mal visto mostrar las piernas sobre las rodillas y los hombros. ¡Pero estas mujeres sueltan las pechugas cuando quieren! Hoy en la casa había una mujer amamantando a un niño mientras conversaba con toda la gente de la casa. Y el resto del cuerpo bien tapado ¡plop!
Viernes 14 de octubre:
No muchas novedades hoy. Realizamos el concurso de pintura en otro colegio, Cero creatividad, todos pintan lo mismo, es decir, se copian. Los colegios no tienen asignaturas artísticas y la metodología para estudiar en la clase es en base a la repetición. Creo que una manera para salir en algún futuro de la pobreza es potenciando las capacidades creativas. Pero un concursillo de 40 minutos una mañana de octubre no cambia las cosas. Y no puedo conversar con Shyam al respecto. Hoy le pregunté que le parecía el concurso, buscando una opinión profunda al respecto. La respuesta fue simplemente “bien”, y luego agregó “Mañana podemos trabajar con menos niños”. Trate de fomentar la conversación comentando que era importante que todos participaran, pero no tuve respuesta. Me encantaría que me dijera que encuentra pésimo mi trabajo, que cree que es mejor otra metodología, etc; pero sólo recibo respuestas vagas. Si yo no corro detrás de él no pasa nada. Esto es pelambre puro, pero insisto, es porque me interesa que conozcan íntegramente mi experiencia en este lugar. En todo caso, Syam es un buen tipo, no piensen tan mal del pobre hombre.
Traté de ayudar hoy desgranando choclo (el mismo que usas de adorno en el comedor, mamá, y ahora es fundamental para los búfalos) y apilando paja, pero con el choclo terminé con ampollas en los dedos y con la paja terminé con rasguños en los brazos. Y estaba ayudando en lo más fácil que ellos hacen. La vida es difícil acá. Hoy aama recibió un cabezazo de uno de los búfalos en el brazo. Es algo de todos los días. Y su bracito es flaquísimo.
Nada más. Mañana publico. Espero no deprimirlos con mis relatos de esta semana.
Un beso