martes, 14 de febrero de 2012

Meditaciones, rios varios y campos de te



Miércoles 1 de Febrero de 2012. Varkala, Kerala, India.
Mi querida amiga Natali ayer me dijo (cual madre): “Mañana te sientas aunque sea un rato, y vas a escribir” y heme aquí escribiendo. Espero poder entrar en detalles, a pesar de lo caluroso que está y de lo que me gustaría ir a la playa. (Aunque debo reconocer que esas olas me dan un poquito se susto).
Sigo pensando que tengo un ángel de la guarda “pulento” (Para mis amigos internacionales “cool” “chevere” “bárbaro”, etc). Para otros puede que sea Karma o solo suerte. Pero haber conocido a mi amiga Natali ha sido lo mejor que me pudo pasar esta semana. Nos llevamos increíble, nos aguantamos bastante bien y nos reímos bastante. Se le echará de menos, así como a todos los amigos que he ido dejando (o “ganando”) en el camino.
Existe un gran problema en Varkala. La gente que llega no se va. He conocido muchísima gente que ha cambiado sus pasajes varias veces y espero que a mí no me pase lo mismo. Aquí el relajo es absoluto (y les juro que lo necesitaba) y  hemos conocido mucha gente con la que la pasamos bastante bien. La playa es maravillosa. Agua tibia, palmeras y un calor insoportable.  Aún así, creo que he pasado por la crisis de los 5 meses viajando, y me siento cansada y con un poco de ganas de volver. De todas maneras, se que las cuatro semanas que quedan  se pasarán de una, así como los meses anteriores. Es que en India hay tanto que ver, y tantos lugares sólo para estar, que me va a faltar tiempo para verlo todo. (Muchos dicen que un año solo en India no es suficiente, imagínense).
Sé que del descanso no hay mucho que contar (dormir, comer, nadar, dormir, comer...) pero ayer ocurrió un suceso que vale la pena mencionar. Resulta que una de las grandes características de Kerala es que tiene muchos festivales, especialmente en esta época del año, y yo quería devolverme a Ernakulam, donde estuve solo un día, para ver un festival religioso que culminaba con un desfile de elefantes. Resulta que la famosa celebración con elefantes al parecer se hace en distintos puntos de la región. Nos enteramos de que había una a 45 minutos de Varkala, y que un bus turístico recogía gente para ir allá.  Ya teníamos todo organizado cuando un percance (Mr. Morfeo) nos impidió tomar el bus. Natali, para consolarme, me dijo que alguna cosa había por aquí, que había escuchado que a 5 minutos había un templo que celebraba también. Sin muchas expectativas, decidí seguirla.
Bueno, resulta que la celebracioncita en el templecito era la tremenda celebración. Un desfile que recorría las calles hasta llegar al tempo, lleno de gente lista para celebrar y turistas mirones. Las mujeres y las niñitas estaban impecablemente vestidas y maquilladas, y con ofrendas esperaban el cortejo. Luego, seis elefantes muy decorados se pasean por las calles de Varkala. Gente bailando y disfrazada seguía el desfile. Las calles acompañaban con sus luces de colores. Fue una experiencia totalmente india, caótica y maravillosa.
Mañana trataré de alojar en un Ashram. Espero poder meditar un poquito (No soy muy buena con esas cosas.)
Viernes 3 de Febrero de 2012.
Ashram de Amritapuri, Kerala
Desde la turística y occidental playa de Varkala, decidí, a último minuto y después de las recomendaciones de todos, ir a un ashram, que es donde tu duermes, rezas, meditas, etc. El ashram de Amritapuri es bien especial, porque en este lugar vive una mujer muy importante para muchos indios y para gente de todo el mundo. Aama (mamá en Hindi) es para algunos una diosa, para otros una santa, y para muchos una gurú. Ha realizado muchas obras sociales en india y sus consejos son seguidos por miles de personas en el mundo. Además, su nombre se debe a que ella se dedica a abrazar a la gente y consolarla, llamándolos sus hijos.
El asunto es que después de despedirme de Nati, tomé mis pilchas y aprovechando que me encontré con un amigo español que iba tomando el tuk tuk para la estación de tren, tomé el vuelito y me escapé de esa tentadora playa. Llegué al Ashram sin saber NADA sobre este, y apenas me fui a registrar el tipo me dice que deje mis maletas rápido para recibir el abrazo de Aama. Me sentí un poco mal de ir sin saber, porque se mueren la cantidad de devotos de Aama que están aquí y que para ellos el abrazo es un evento importantísimo en sus vidas. De todas maneras, debo confesar que me emocioné un poquito. Más que por esta sonriente mujer en si, por el hecho de que una mujer que se hace llamar “mamá” te abraza y te dice que todo va a estar bien (supongo, porque no le entendí lo que dijo), especialmente cuando una se encuentra a miles de kilómetros de su verdadera familia, y sin estar con ellos por más de 5 meses.
Estoy en una pieza con tres mujeres más: una danesa, una alemana y una estadounidense. Simpáticas. Además he conocido a un brasilero, una argentina y un español. Hay mucha gente que habla español, además de muchos documentos y libros en mi idioma. La enseñanza ahí es: es importantísimo saber inglés, pero somos unos privilegiados en hablar español, porque es una lengua que está tomando mucha importancia en el mundo por la cantidad de personas que la hablan.
Hoy en la mañana me levanté a las 5 de la mañana a una oración con canticos a  “la madre” (Prefiero pensar que es a la Virgen María, aunque sé que no). Luego me fui a una meditación en la playa mientras amanecía. No sé si medité mucho pero fue lindo y relajante. Luego fui a una clase de yoga y aún no eran las 9:00. A esa hora tomé desayuno y me encontré con Víctor Hugo, el brasilero que había conocido en Varkala y que me había recomendado este lugar.
Una de las cosas que Aama recomienda para la vida espiritual es el trabajo comunitario. Acá todos trabajan para los demás y, aunque es voluntario, te piden dos horas al día como ideal. Victor Hugo me mostró el ashram y me acompañó a anotarme para participar, mientras rezaba que no me tocara la pega de separar la basura (¡me daba un asco!). Entonces el tipo me dice: “¿Te parece... secar platos en la cocina?” ¡Qué felicidad! El mejor trabajo del mundo. A las 11 estaba secando platos sin parar. Me gustó mucho. La gente, como no es un negocio, no espera nada a cambio, todos llevan una sonrisa en la cara y son muy dulces. Entendí por qué el trabajo desinteresado es importante para el alma.
Después de trabajar, a las 13:00 me comí una ensalada y un dulcecillo. Estoy siendo detallada para explicarles lo intenso del día y lo agotada que estaba a esa hora. Cuando comía me pidieron si podía sacar fotos en un curso de yoga que estaban impartiendo, así que partí. A las 2:30, cuando dejé de sacar fotos, me fui a comprar en un sucucho de ropa usada algo blanco para ponerme porque todos visten de blanco acá y yo andaba con una polera negra. Desubicada total. Así, con mi “disfraz” de devota, me fui a la pieza y ¡por fin! tuve mi siestecita a las 3:00. A las 16:00 bajé y a las 17:00 había otra meditación en la playa, con Aama incluida. Fue muy reconfortante y creo que sí puedo meditar, aunque sea un poquito y cueste concentrarse. En la playa, Aama hacía preguntas y la gente contestaba. Hablaba sobre cómo podemos lograr cosas sólo confiando en nosotros mismos y en Dios, por supuesto. Lo que me gusta de ella es que no te pide que te cambies de religión, al contrario, te pide que la refuerces.
Después de eso, a las 19:00 nos fuimos al comedor donde la gente cantaba canciones preciosas en hindi y malayalam. Lo único que no me gustó mucho es que las canciones eran a Aama como si ella fuera Dios. Un poco raro, pero también es bueno creer en algo. Creo que ella da la sensación de lo que para nosotros es la virgen, again.
A las 20:00 comimos y no sé cómo, ya son las 22:36 y debo dormirme porque me voy a levantar mañana a las 5:00 (si lo logro). Me compré el librito de la oración así que debo hacerlo.
Mañana entro en detalles reflexivos.
Viernes 10 de Febrero. Munnar, Kerala.
Me arranqué del ashram porque si no me podía quedar casi que viviendo ahí. La sensación ahí es rara, a veces estoy muy feliz y otras lo odiaba y me quería ir inmediatamente. La verdad es que los llamados “Devotos” dan un poco de miedo, se supone que deberían seguir los consejos de Amma para ser mejores personas pero al final es todo una cosa exagerada y moralista y no es de verdad lo que ella predica. Aún así, hubo mucha gente buena que me devolvió una sonrisa y fueron amables y amistosos. Una de ellas fue Kriztina, una húngara que la conocí secando platos. No sé cuántos años debe tener, pero al menos más que mi mamá y nos hicimos amigas como si no hubiera diferencia. Ella, a pesar de ser devota (aunque no vivía ahí) siempre me aconsejó no escuchar todo lo que me dijieran los otros, porque iban a tratar de hacerme sentir mal porque me iba del ashram. A su vez, ella me preguntaba cosas de la playa, porque siempre que iba a India no hacía más que estar en el Ashram y quería ver algo distinto por un par de días. También se interesó por mi voluntariado en Nepal, así que yo feliz le conté de todo  (me encanta que me hagan hablar de Nepal, no puedo evitarlo). Entre las cosas que le dije, era que como era actriz me gustaba desarrollar actividades artísticas en los niños. Ahí saltó y me dijo “¡Yo también soy actriz! ¡Y soy famosa en Hungría!”. Resulta que mi amiga había actuado en muchas películas y además por muchos años había sido la directora y actriz principal del teatro nacional Húngaro. Después de irme del ashram, la googlee y me di cuenta además que enseña una técnica especial de teatro en San Francisco. Es decir, una mina seca. Y yo me sentí como una estúpida hablandole de mis clases de teatro a los niños nepaleses. El por qué cuento esta historia y lo bonito de esta, es que ella nunca quiso mostrarme que era más que yo, al contrario, siempre se vio muy interesada por lo que hacía y me contó muy sencillamente de su trabajo. Es un ejemplo que a pesar de los años de experiencia, todos somos iguales y ella nunca me hizo sentir la relación “super actriz experta-pobre actriz primeriza”, al contrario, la relación fue tan simple y linda como la de dos amigas que se conocieron secando platos en India. El otro dato cómico es que las dos estamos de cumpleaños el mismo día. Genial.
En fin, después de intentar meditar, seguir a Amma y hacer varios amigos, decidí, al igual que en Varkala, escapar (después de pagar, obvio) y a medio día Salí del ashram para tomar un ferry que me llevaba a Allepey. Ahora tengo que explicar. Lo que pasa es que el Amritapuri (que es el nombre del Ashram) queda en medio de los backwaters de Kerala. Los famosos backwaters son millones de ríos que se encuentran en esta zona de palmeras y que da la sensación de que se estuvieran inundando. La gente se transporta en botes y las casas se construyen junto a los ríos. Como parte turística, la gente con mucha plata arrienda unos barquitos que son unas casas en el agua y duermen en los backwaters, muy top. Yo me contenté con pasearme en este ferry por 5 horas, contemplando el maravilloso paisaje que me rodeaba. El programa de televisión que viste parece que tenía razón mamá: Los backwaters son increíbles.
Allepey es famosa por ser el punto donde la gente recorre los backwaters. Además de eso, no me pareció más que una ciudad sin mucho encanto. Al día siguiente de llegar, recorrí bien temprano la ciudad y al ver que no había nada muy especial para quedarse tomé mi mochila y partí a tomar otro ferry a la próxima ciudad rodeada por estos ríos, Kottayam. Después de hacerme esperar mucho rato, me dijeron que el ferry a Kotayam se había cancelado y como me quería ir de ahí me fui a la estación de buses y decidí partir en este medio de transporte, total, podía tomar un botecito para pasear desde ahí.
Allepey era mucho más lindo de Kottayam, al menos a primera vista. Me pareció una ciudad tan grande y sin nada interesante que desde la misma estación de buses de la ciudad abrí mi guía de viajes y busqué algún lugar turístico cercano. En eso fue cuando me encontré con Emilie, una francesa que había conocido en el Ashram pero que nunca habíamos hablado más de un minuto. Ella me contó que se iba a Munnar y me invitó a acompañarla. Así que ahora viajo con Emilie, que además habla muy bien el español (con unos mexicanismos muy chistosos) y nos entretenemos bastante, a pesar de que ella tiene el triple de energía de la que tengo yo.
Munnar lo más parecido a un pueblo que he visto en India, junto con Pushkar, pero su gracia no está en sus ruidosas calles, sino en sus silenciosos y lindos campos de té. Como ya lo mencioné, alrededor de esta ciudad está llena de plantaciones de té, que luego es exportado a todo el mundo (Es decir, tal vez yo vi los arbolitos del té que te estás tomando tú en este mismo momento). Las plantaciones son preciosas, con un verde fuertísimo y llena de caminitos que parecen laberintos. Hoy, entre la niebla, me sentía como Alicia en el país de las maravillas, o según Emilie, tal vez la idea de estar muerto (Éramos solas en medio de la plantación y ya eso es raro en India, era estar en medio de un sueño). Llevamos dos días caminando entre las plantaciones y es muy entretenido, a pesar de mi dolor de piernas. Además la gente es super amable y nos ofrecen sacarnos fotos con ellos, muy gracioso.
Mañana dejo Munnar y espero cruzar por las montañas a Tamil Nadú. Espero poder publicar esto pronto pronto.  
Vista desde el ashram


Backwaters

Allepey

Munnar

Las cortadoras de te en Munnar

Emilie aprendiendo a cortar te