Viernes 24 de febrero de 2012, Mumbai, India.
Efectivamente, sigo aquí. El agotamiento después de tanto viaje me hizo llegar a la conclusión de que no podía ir a visitar las cuevas de Ajanta y Ellora, y me compré un pasaje en avión para el lunes a Delhi luego de las falsas promesas de un coleccionista de extras para Bollywood que me ofrecía un extra más grande y mejor pagado (Eso significaba que en vez de ser parte de la masa podía estar parada detrás de algún actor importante). Así que no míticas cuevas, no Delhi, y no super extra. Llegaré al aeropuerto de la capital de India tan solo unas horas antes de tomar mi vuelo a Amsterdam, y luego a París, y luego a Santiago, para terminar en algún momento antes de que me haga anciana al aeropuerto en Puerto Montt (No quiero ni pensar en eso). Si bien me salté dos lugares importantes de visitar, ando con el presentimiento de que voy a volver a este país y ahí podré ver todo lo que me faltó. Pero como los supersticiosos dicen: “si se cuenta el deseo no se cumple”, así que no hablo más de eso.
Quiero que no se me olvide nada antes de cerrar este “libro” (Desde el Word sumo 74 páginas de las que me faltan agregar unos cuantos capítulos. Calculo que debo acercarme a las 90 páginas ¡Wow1). ¡Es que hay tanto que decir!
Debo reconocer que me he enamorado un poquito de Mumbai. Me habían dicho antes que no había nada que ver aquí, y tuve a mi mamá sufriendo porque iba a estar en medio de esta ciudad del tamaño de casi todo Chile (16.4 millones de habitantes según mi Lonely Planet). ¿¿Como que no hay nada que ver?? Debo reconocer que he pasado la mayor parte del tiempo en la parte turística, pero es maravillosa toda la arquitectura de esta parte de la ciudad, con sus áreas verdes en medio de los bocinazos propios de este país, con esa costanera frente al mar Arábigo donde ves de fondo los edificios y te impresionas, y con todos los museos y actividades culturales que hay para ver (incluyo con esto el ir a ver cómo hacen películas de Bollywood, obvio). Si, es verdad, lo más cercano a una ciudad grande para mí ha sido Buenos Aires, y muchos me podrán decir que las ciudades europeas, o el mismo New York es mucho más encantador y cultural que Mumbai o (Bombai para que los que la conocieron con ese nombre antes del año 98´). Es que igual como que me gusta esa cosa mezcla del caos indio y la modernidad de esta ciudad.
Un señor en la calle me vendió un libro que es un best seller y que todos los turistas en India lo leen. Por favor, léanlo porque van a entender perfectamente lo que nos pasa a los occidentales estando en India. Yo me he sentido muy identificada con varias cosas que le han pasado a la protagonista y me he reído mucho. El libro se llama “Holly Cow!” y la autora es Sarah Macdonnald. También leyendo ese libro me he dado cuenta que en mi apuro por escribir hay muchas cosas que se me ha olvidado comentar. A ver si las menciono antes de tomar el avión, o me entretengo durante las 12 horas en las que debo hacer escala en Amsterdam (¡grrr!).
De lo que quiero hablar ahora es del gran contraste que tiene Mumbai y que no me había tocado ver tan fuerte en otros lugares. Frente a todas estas construcciones preciosas, hay una cantidad enorme de gente que vive literalmente en la calle. Hoy me llegué a sentir incómoda conmigo misma quejándome de mi dolor de pies y del resfrío gracias a los ventiladores, mientras al lado mío unos niños jugaban en su “pieza”: la cuneta. A su vez, grandes y chicos trabajan en lo mismo: pedir plata. También me llama la atención toda la gente en “mal estado” que mendiga. Gente muy deforme, con extrañas enfermedades, sin brazos, piernas, etc. Yo no le doy plata a ninguno y me siento la mujer más malvada del planeta. Es que son muchísimos, y además dicen que el dar plata es malo para ellos, porque no intentan salir de su pobreza por otros medios. ¿Pero cómo esa gente deforme puede encontrar otro tipo de trabajo? Me impresiona la miseria y a veces me dan ganas de mirar a otro lado y hacer como que no están (lo que he hecho algunas veces) ¿Qué sentirán al ver que la gente desvía la mirada? ¿Tendrán alguna oportunidad de surgir? De todas maneras, creo que la mejor ayuda que podemos dar es dando soporte a las instituciones benéficas de confianza más que directamente a ellos porque, como he aprendido, a veces no saben cómo administrar la plata. Me cuesta creerle a la mujer que cuando pide plata dice que es para la leche de su guagua, por ejemplo. Otra cosa con respecto a la pobreza: Me ha llamado la atención también la gente que sí tiene una humilde casita, pero aún así tiran toda la basura a la calle, o al río próximo, o al mar. Se me ocurre que eso no tiene que ver con educación, sino con el deseo de querer tener una mejor calidad de vida. Si quieren podemos hacer debate sobre el tema. Y podemos agradecer por lo suertudos que somos.
Pero no los quiero dejar con una sensación de angustia o tristeza. Voy a cerrar los comentarios del día de hoy con una situación de que, a pesar de que para mí no fue muy agradable, me causó mucha gracia y orgullo a la vez. La primera vez que alguien me agarró el poto en este país fue en medio de una multitud y no supe reaccionar, sintiéndome muy mal por eso. La segunda vez al menos pude gritar y mirar al tipo con cara fea (Me pidió disculpas inmediatamente). Bueno, resulta que el primer día que llegué a Mumbai iba caminando entre mucha gente y un tipo se le ocurrió entretenerse agarrando mi trasero. Yo en un segundo me di vuelta y me lancé a agarrarlo a golpes y empujones, gritándole en “chileno”. Cuando m di cuenta de que el tipo no me iba a entender le grité en inglés “¡¡Don´t do that again!! ¿¿OK??”, mientras seguía dándole empujones. Creo que el tipo se asustó, además que fue en medio de mucha gente que se dio cuenta de lo que había pasado. “¡I´m sorry, I´m sorry!” decía. Me sentí orgullosa de los reflejos que he tenido que adoptar en este país. Yo siempre evitando pelear (hasta que exploto, claro), me he transformado en una reina del ring.
Mumbai, domingo 26 de febrero de 2011:
Este es mi último reporte desde India. Si no les molesta, quiero realizar mi última publicación una vez en Chile, con la cabeza clara para reflexionar sobre lo aprendido en este viaje y ponerlo frente a ustedes. Si les da lata, allá ustedes. No es una obligación abrir el sitio web.
Es muy chistoso cómo entre ayer y hoy me detengo cada cierto rato en medio de la calle, saco mi lápiz y mi cuaderno (A los niños CPV: ¡Ocupo TODOS sus regalos!) y escribo cosas que no quiero que se me olviden. Así que he aquí con el reporte de ayer y hoy.
Ayer fue un día bien flojo. Con tanto ventilador me he estado resfriando y la bencina definitivamente se me acabó. He andado super buena para el shopping, comprando algunos souvenires y ropa para mí. Voy a llegar a Chile imponiendo el estilo de la “India-lais” jaja. Es que no podía perder la oportunidad y era lo más decente que había También fui al museo de arte contemporáneo y me entretuve viendo las pinturas de un tipo (Si los entendidos me vieran llamándolo “ tipo”) llamado K.K Hebbar. Me encantó, así que señor, señora, goglee.
Ya que no fui a las cuevas de Ajanta y Ellora, hoy fui a mi premio de consuelo, que para ser “de consuelo” estaba bastante bueno. Las cuevas se llaman Elephanta, y están en una isla a 45 minutos de Mumbai. La verdad es que eran bien increíbles, con unas esculturas gigantes que salían de la misma roca que componían las cuevas. Por ahí tengo una foto que , como siempre que le pido a alguien, no sale muy bien (Obvio, si no les importa cómo salga, si no te conocen). Me reí muchísimo con los turistas indios, la verdad es que son fanáticos para las fotos y se las sacan ¡¡¡con todo!!!. No es que les saquen fotos a todo, sino que ellos deben salir hasta en la foto de la caca del perro, te juro.
Después, al volver a Mumbai, decidí hacerme mi regalito de Navidad, con la plata que me había mandado mi papá de regalo (Hasta el momento, Felipe Moreno, tu libro había sido mi único regalo!) así que me fui a un spa y me hice un masaje con aromaterapia. Topísimo. Pero el problema es que no me pude relajar. Es que tal vez no sirvo para ser una mujer top que recibe masajes. Me sentí todo el tiempo incómoda de que la pobre chiquilla Tailandesa tuviera que ganarse la vida toqueteándo a una desconocída. Más encima le pregunto si vive con su familia acá y me dice con su inglés de tailandesita “Nooo, my father mother very poor” (traducción: Mis papás muy pobres). Ahí me sentí más mal todavía. Después me consolé pensando que la tailandesita al menos con este trabajo debía tener una mejor calidad de vida que sus papás. Y a lo mejor le gustaba manosear gente. Pero me imagino que tal vez le deben aparecer un montón de depravados a hacerse un masaje. Pobre.
Además de que no me pude relajar como debiera, la tailandesita me dice: “Ohhh, sory, today water no coming”, así que salí del spa toda aceitosa y me fui a caminar por la costanera de Mumbai, mi lugar favorito de esta ciudad, mientras pensaba que estaba destruyendo el trabajo de la pobre chiquilla en mis pies. En fin, no podía perderme la última puesta de sol en este viaje, la última de cientos de maravillosas puestas de sol (Son más de 100, no miento).
Ahí decidí hacer una lista de lo que voy a extrañar de este país y lo que no. Hay muchas cosas que tendré que ir agregándo, pero la lista hasta el momento va así:
COSAS QUE NO VOY A EXTRAÑAR DE INDIA (Y NEPAL, CLARO)
1.- Los monos ¡¡¡Los odio!!! Especialmente los que están en templos, porque la gente les da comida y se ponen idiotas.
2.- Los hombres mirones y en especial, en grupo. Definitivamente, por más que trate de ser abierta de mente, me carga ver como se abrazan y dan la mano y toquetean como pololos, cuando a las mujeres ni las pescan.
3.- Los “Madam”. Si tu caminas por una calle donde la gente vende cosas, lo escuchas unas 60 veces, por segundo. “Madam. Take a look” “madam, very cheep” “Madam, ¿taxi?” “Madam, madam, madam...” ¡¡¡¡Aghgggh!!! ¡Qué irritante!
4.- La suciedad en las calles, y las vacas comiendo basura.
5.- ¡Los ratones! ¡Se me cruzan todo el rato!
6.- Los bocinazos por mil, la luz para cruzar la calle que dura un segundo (literalmente), los multiples intentos de atropello a mi persona y la locura en general de las calles Indias.
7.- Los bigotes de los hombres, y que las mujeres piensan que son tan “sexys”. También los pantalones pata de elefante y las camisas a cuadros. Todo un look setentero.
Se que se viene más, pero tengo que dedicarle más tiempo a pensar y después oficializo la lista
COSAS QUE DEFINITIVAMENTE VOY A EXTRAÑAR DE INDIA (Y NEPAL)
1.- De Nepal, casi todo, porque ahora forma parte de mi. Siento que un pedacito de mí se queda en ese país, y que tengo una familia ahí.
2.- ¡La comida india! Y picante a punto medio, tambien.
3.- Hablando de comida, ¡los Lassies! (Un bebestible medio yogurt)
4.- Los increíbles paisajes y ruinas, ¡siempre tan distintos!
5.- Bollywood y la música india en general, ¡Me encanta!
6.- El oro de las mujeres. Me encanta que sean tan enjoyadas.
7.- Hablando de las mujeres, el dedicarme a contemplar las mujeres en sus saris, y decidir cuál lleva el género más bonito y colorinche.
8.- Los viajes en tren. Aunque agotadores, el mirar por la ventana el paisaje es alucinante.
9.- Las Vacas en medio de la calle (sin comer basura, ojalá). Ver cómo se creen las dueñas de la calle es muy entretenido.
10.- Junto con las vacas, las cabras callejeras me encantan. Si el bus en el que vas se pega un frenazo, ya sabes que fue porque se cruzó una cabra, o una vaca o quizás una gallina.
11.- Volviendo a Nepal, los Himalayas ¡Majestuosos!
12.- Hablar nepalés, y en India también decir “Namasté” y juntar las manos para saludar.
Qué increíble, pero se me hace más fácil pensar en lo que sí voy a echar de menos, aunque tenga ya ganas de volver.
Antes de hacer el cambio y fuera, voy a limpiar la honra de los hombres de este país. Los de clase alta son más discretos, y aún creen en el amor a primera vista y son como galanes a la antigua. Yo soy pesada con ellos, pero me llega a dar un poco de pena, porque una piensa que le gustaría conocer a un hombre jugado algún día, y estos que se la juegan se les rechaza al toque. Ayer iba caminando por la calle, sientiéndome pésimo con mi resfrío, cuando un tipo se me acerca a preguntarme si estoy triste y si lo dejaría caminar conmigo. Imagínense el NO. Hoy me crucé con un tipo, que me detiene y me empieza a hablar como nervioso.
INDIO JOTE: Es, es que hace un rato nos cruzamos y tú no me viste, pero yo si...
NATALIA: (Impaciente) Ya, y...
INDIO JOTE: Es que yo... yo había decidido que si me cruzaba contigo de nuevo te iba a invitar a tomar un café...
Lo encontré un tierno a la antigua. Pero le dije que no. Con una sonrisa, para no parecer tan bruja. No sé si la habrá notado. Sé que estos indios son un poco infantiles para sus romances, pero ¿No nos estaremos yendo nosotros para el otro extremo? ¿El de ser extremadamente realistas y prácticos al momento de compartir la vida con alguien? Bueno, igual no me interesaba tomarme el café con el indio, pero les dejo la pregunta a la reflexión.
No puedo creer que esta aventura se está acabando. Y siento que aquí me falta alguien a quien abrazar y decir chao antes de que me suba al avión (Especialmente después de conocer a tanta gente). Aunque voy a hacer el cierre en Chile, de antemano agradezco a quienes pacientemente me leyeron y aguantaron. ¡Hagan como que me echaron de menos cuando vuelva plis!
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| La costanera de Mumbai... La amo! |
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| El Taj Mahal Palace y el Gateway of India, desde el mar (cuando tome el barquito a Elephanta) |
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| Un poquito de las cuevas de Elephanta |
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| Me and mr. Buddha (Aunque no se aprecia muy bien) |
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| Mi ultima puesta de sol en este increible viaje |