14 de noviembre de 2011.
Queridísima Cati:
Este capítulo es una carta pública para ti. Si bien tengo que reportearme con el resto del universo y no tengo tiempo para escribir dos veces, está publicación esta única y exclusivamente en tu nombre. Has tomado parte de cada segundo de este viaje y te juro que no he dejado de acordarme en ti. Espero que sientas las vibras que te envío y que, a pesar de la distancia, te sientas parte de este viaje. Yo no estoy sola acá, este sueño era de las dos y aunque no estás físicamente, no quiero que sientas que este lugar es sólo para mí. Espero que cuando puedas presenciarlo de verdad (que sé que así será) también me tengas en mente, y así yo me pueda repetir el plato espiritualmente, tal como espero que lo estés haciendo tu ahora.
Voy a tratar de anotar algunos detallitos aquí. Definitivamente no me acomoda el cuaderno y prefiero el computador, pero este par de días ha sido intenso y no quiero perderme detalles:
A ver...
Ayer domingo 13 de noviembre (Que me demoro un montón en acordarme de la fecha, ando perdidísima en el tiempo):
-Ayer pasamos en el bus todo el día (Alrededor de 11 horas) pero con un paisaje maravilloso. Es increíble ver cómo cambia tanto el paisaje de Nepal al meterte en las montañas del Tíbet. Desaparece el ruido, y después de unas quebradas con cascadas majestuosas te metes en medio de un desierto que me podría recordar mucho al altiplano.
-La diferencia entre Nepal y China, cuando cruzas el puente que los divide, es asombroso. Lo único que marca que estás en Nepal es una banderita sobre una casa. Cuando te topas con el puente (No se pueden sacar fotos ahí) te encuentras con una construcción gigante con letras doradas que dice BIENVENIDO A CHINA, o algo por el estilo, en chino por supuesto, (Retrocedí un día en el tiempo para explicar el contraste) como queriendo mostrar su poderío. Luego, en el camino te encuentras con unas carreteras asombrosas, nada que ver con Nepal.
-Aquí fue la primera vez que vi verdaderos vestigios del pasado terremoto, en especial por las grietas en la carretera.
- Otra cosa que me llamó la atención es que todos los animales son muy peludos. Hasta los gatos y los perros son de pelo largo, e incluyo a las vacas y ovejas, que aquí son muy distintas. Además ¡Vi yaks! Muy bien decorados.
- Ayer vi el Everest desde el lado tibetano. Es maravilloso. Me acordé de todos muchísimo (Cuando digo todos es TODOS: Familia, amigos, alumnos, compañeros de trabajo, etc, etc, etc), en especial de Nicolás Miquel, que me acuerdo que me dijo que uno de sus sueños era estar acá.
- Las casas son preciosas. Blancas con las ventanas pintadas de colores y con vuelitos. Está demás decir lo increíble de las banderitas de colores y la gente ¡¡Que raza más linda!! Con unos ojos preciosos y una mágica sonrisa, por lo general sin dientes. La pobreza aquí es enorme y puedes ver cómo los niños están llenos de tierra. Un par me rogó desesperado que les diera un chocolate (Siempre recomiendan no dar), pero los chantajeé por una foto. Me encanta la carita de malvados con que salen.
- Anoche llegamos a Sigatze. El hotel es más decente pero congeladísimo. Compartí la pieza con Teresa. Ella es genial, tiene más de 60 y se conserva increíble. Dice que “todavía está en el mercado”, es muy intensa y me río mucho con ella. Aquí va la enseñanza: Que al principio yo quería compartir con los jóvenes, pero terminé pasándolo increíble con ella. A veces lo que uno cree que podría ser mejor, termina siendo bastante bueno de por sí.
Hoy en la mañana fuimos a un monasterio (Tahilompu) y ahí vimos unas construcciones maravillosas y antiquísimas. Había, entre un montón de templos, un buda gigante que me quitó el aliento. Lamentablemente no se podían sacar fotos, pero ¡Qué ganas de mostrarlo! En fin, me llama la atención cuando se critica a la Iglesia Católica por sus grandes monumentos y propiedades cuando aquí es mucho peor. Exceso de oro y exceso de gente pobrísima dando su poca plata. ¿Qué pasa con el verdadero fin de las religiones? ¿No consiste en la sencillez y el amor? ¿Qué tiene que ver el oro con los valores, el respeto y la paz? Al final la religión se vuelve poder. No me gusta. Prefiero al monje sencillo que reza en silencio, o al sacerdote que ayuda a una comunidad con problemas sociales.
La tarde la tuvimos libre, algo no tan bueno para una ciudad que, para buscarle una comparación, podría ser la versión china de Calama. Una lata. Por suerte, con Teresa nos las ingeniamos para que pareciera una aventura. Después de caminar por el mercado (Una feria común y corriente) me compi una pizza de carne de Yak exquisita, y como se nos acabaron los panoramas salimos a caminar a ver si encontrábamos algo interesante. En fin, nos encontramos con otro templo muy bonito y éramos sólo las dos ahí. Cuando en la noche le conté al guía, me miró con cara fea, pero no me quiso decir por qué. Aquí los guías tienen prohibido hablar de política, así es que no pude averiguar la relación de ese templo con los chinos. Definitivamente me voy a leer un libro después de este viaje al Tíbet para saber la verdad.
Después de estar solas en ese lindo monasterio con unas pinturas preciosas, quisimos buscar un lugar donde tomar un té y escribir esto. Lo divertido fue que nos metimos a un lugar pensando que era un café y resulta que era una casa donde había un grupo de mujeres tibetanas. Les preguntamos con señas si tenían té y nos dijeron que sí, así es que nos sentamos a tomar el té con ellas, que no hablaban ni jota de inglés y nosotras menos de tibetano o chino (Hablan ambos idiomas). Con gestos locos nos pusimos a tratar de conversar y quedamos íntimas amigas con las tibetanas. Hasta nos sacamos una foto y ellas se mataban de la risa. Eso te hace ver que a pesar de las diferencias culturales había una gran cosa que nos unía: Somos mujeres.
Eso es todo por hoy.
17 de noviembre de 2011- Lhasa, capital del Tibet.
¡Tashidele! (Saludo tibetano)
Ahora me estoy tomando un té de jazmín en este hotel que es precioso. Resulta que fue una antigua casa tibetana que creo que hospedaba a monjes, no estoy segura (Voy a tener que estudiar más sobre el Tíbet más tarde, porque no retengo toda la información). La decoración es maravillosa y lo mejor es que tenemos frazada eléctrica. Lo de la felicitad por la frazada eléctrica es porque los días pasados los pasé muy mal por el frío, pero voy a tratar de ir en orden, así no te enredas con la info.
El día martes nos fuimos a Gyantse. Gyantse es otra ciudad en el Tibet, algo intoxicada por la cultura China, pero con un precioso palacio. Los templos son bastantes similares entre ellos, pero no te cansas de sorprenderte con todas las reliquias que tienen. Es encantador y triste a la vez, porque vez a toda la gente pobre dando su poca plata a los templos. De todas maneras, las estatuas son increíbles. En ese templo decidí pagar y sacar algunas fotos al interior, para que se hagan una idea (Tremendo negocio el de sacar fotos, por cada pieza que entras tienes que pagar si quieres utilizar tu cámara). Es divertido ver como la gente te mira como si fueras algo nunca antes visto, a los tibetanos les encanta mi aro nepalés y unos monjes estuvieron agarrándome las orejas y analizando unos aros de madera que llevaba ese día.
Junto al templo había una stupa en la que habían 77 capillas, cada una con distintas imágenes. También saqué fotos ahí. Como teníamos la tarde libre para recorrer, no me di cuenta que el grupo había desaparecido en la entretención de mirar el templo (Cada uno se tomó su tiempo) Así que decidí irme solita al hotel, caminando por el barrio auténtico tibetano (Repito: especialmente en las ciudades todo es una mezcla de tibetano antiguo con la modernidad china). El barrio es precioso, lleno de casitas blancas y vaquitas peludas (Todo ser viviente es peludo acá). Si pudiera me llevaría una de esas vaquitas a mi casa, jaja. Un tibetano me vio y me quiso invitar a su casa. A pesar de que estoy segura de que no tenía malas intenciones, preferí decir que no. Así que por prudente me perdí conocer una casa típica tibetana.
La noche fue espantosa. Aún no sé qué fue lo que realmente me pasó. A las dos de la mañana empecé a sentir frío y calor al mismo tiempo, un dolor fuerte al estómago y a los músculos. De pronto me puse a tiritar muy fuerte. A duras penas pude despertar a Teresa y ella me cuidó como si fuera mi mamá. Así como llegó, se me pasó y me pude quedar dormida. El terror de que me pasara algo grave no me lo quitó nadie, eso sí. Imagínate que me diera un ataque de algo raro en medio del Himalaya.
Al otro día anduve algo mejor, a pesar de que aún sentía el dolor de estómago y a los músculos. Me moría del sueño, pero no podía perderme la espectacular vista desde el bus. Ese día era el viaje hacia Lhasa, la capital del Tíbet. Preciosos lagos en medio de las espectaculares montañas que me hacían recordar un poco al altiplano chileno (Después alguien me contó que “Siete años en el Tíbet” había sido grabada en parte en Chile, no tenía idea). Hablando de Chile, yo creo que la mitad de la gente que viaja conmigo ha estado en nuestro país, y unos cuantos en Puerto Varas. Genial.
Si antes me estaba tomando el té de jazmín en el pasillo del hotel con vista a las casitas tibetanas, me bajó el frío supremo y me tuve que cambiar de sitio. Ahora escribo en el baño de mi pieza, que tiene unas luces que lo calientan. (¡Top!)
Al acercarnos a Lhasa el paisaje comienza a cambiar drásticamente. No por la naturaleza, sino por los chinos. Entre las espectaculares montañas, aparece de la nada una carretera 10 veces mejor que la costanera norte (Lo siento, es mi único referente). Pareciera que han invertido un montón de plata en mostrar su poderío sobre esta cultura. Cuando miras esto te queda más que claro: El Tíbet es chino. Ya no va a ser libre. Y no sé tampoco que quieren los tibetanos hoy. Habrá que estudiarlo más tarde. Aquí estamos obligados a la ignorancia, no podemos tener libros y no podemos preguntar nada político al guía.
Lhasa tiene 2 millones y medio de habitantes, para que se imaginen lo grande que es. Se nota que es una ciudad muy nueva (Excepto por el barrio tibetano, que es antiquísimo). Llena de carteles chinos, luces y construcciones gigantescas. Yo nunca había visto en mi vida una ciudad tan moderna, y a la vez, una ciudad tan antigua. Nos vinimos a alojar en el barrio tibetano que te quita el aliento. Llena de calles en las que te puedes perder fácilmente y llena de tibetanos que oran frente a una stupa que queda cerca de nosotros. La stupa es un problema, porque hay que caminar en sentido del reloj al rededor de esta y si quieres ir hacia el otro lado tienen que dar toda la vuelta al barrio.
Ahora me tengo que ir a comer!!! Sigo contando más adelante!
Domingo, 20 de noviembre de 2011. 6:56 AM. Jitpurphedi, Nepal.
Así es, volví y con el cambio de hora me desperté bien tempranito (Ahora en Lhasa son las 9:12 de la mañana). Como está bien helado (No tanto como en el Tíbet, eso sí) Decidí, después de salir al baño (Es una lata eso, cuando tienes frío y te mojas inevitablemente las patas yendo allá)*. Me volví a meter a la cama, me comí una especie de Super 8 chino y me puse a escribir. Hoy voy a la oficina de VIN, y quisiera ver si puedo publicar, pero para eso tengo que contar todo el viaje al Tíbet y me queda muchísimo trabajo. (Aparte de terminar lo de los días en Lhasa, tengo que traspasar lo de los primeros días, que lo escribí en un cuaderno).
Entonces me pongo las pilas nuevamente: Quedé en la llegada a Lhasa. Esta ciudad fue una seguidilla de visitas a templos y no mucho más. Obviamente tiene un atractivo especial porque es la capital del Tíbet. A estas alturas ya nos estábamos aburriendo un poco de los monasterios, que a pesar de que son muy bonitos, se vuelven más de lo mismo. Además, creo que lo repito, es terrible ver gente tan pobre dando lo poco que tienen a estos grandes monasterios y ver a los monjes recolectando el dinero en grandes bolsas. Para remate, tienen que lidiar con un grupo de turistas que tienen la preferencia al pasar y mientras unos rezan, los otros quieren sacar fotos.
Del único lugar que les hablaré (visité 4 distintos lugares en Lhasa) Es del Potala, que es el palacio donde vivía el Dalai Lama (Para los que no saben, después de la ocupación china tuvo que irse fuera del Tíbet y ahora vive en India). El palacio es increíble, monstruoso y majestuoso, y ni toda la parafernalia puesta al rededor por los chinos le resta brillo. Me emocionó hasta los huesos el verlo, y me acordé, una vez más, de ti Cati. “Lo logré”, pensaba mientras contemplaba esa mole de cientos de años. Antes de visitarla oficialmente con el grupo, fui en la noche con 3 amigas del viaje a sacar unas fotos a la fachada del edificio. Simplemente impactante. Lo también impactante, pero triste, era escuchar la música china de fondo, coordinada con unos juegos de agua en la plaza frontal al palacio, como queriendo decir “Viva China, salvadora del Tíbet”.
Al día siguiente lo visitamos oficialmente. Hoy es sólo un museo que tienes que visitar rápidamente en una hora. En todo caso, increíble ver las habitaciones donde estuvieron los Dalai Lamas.
Se le acaba la batería al computador y hay corte de luz (Nada raro en este país). Espero terminar de escribir mañana. Tengo que ir a renovar mi visa, que se acaba el 27 y no quiero ser una ilegal en ese país :)
*Por favor comparen mi baño nepalés, en el que me tengo que mojar para entrar, con el baño de Lhasa, que tenía unas super luces que lo calentaban. :S
Miércoles 23 de noviembre de 2011
He decidido terminar abruptamente con mi descripción del viaje al Tíbet. Esto es debido a que, debido al tiempo que ha pasado y luego de un exhaustivo análisis, creo que no queda mucho más que contar. Por lo general las primeras impresiones son las que valen, y no los finales de viaje. Mi conclusión es que el Tíbet es un lugar maravilloso, con una naturaleza impactante y con una cultura totalmente distinta a la nuestra. La cultura China es totalmente distinta a la tibetana y sus aires de imperio me desesperan (Esto lo digo sólo por lo visto, no tengo un conocimiento profundo de la política). Hubiese querido ir sin tour, pero China te obliga. Las reliquias son increíbles, pero después del tercer templo ya te vas aburriendo un poco. De todas maneras hice muy buenos amigos.
De lo que no me puedo olvidar de mencionar es el viaje en avión de vuelta a Katmandú. En el viaje me tocó ver los Himalayas desde el aire y la majestuosidad del Everest. Es una imagen que no podré olvidar en mi vida. Me hace recordar una vez más en esa fuerza maravillosa llamada Dios (O también “amor”). Dios existe, definitivamente.
Al volver a Katmandú, el resto del grupo en el que iba empezó a comentar que ya se les había olvidado lo sucia y fea de esta ciudad. A mí me pareció que estaba volviendo a mi hogar. En el último tiempo este país se me ha vuelto propio y así lo hace ver mi familia nepalesa, que me recibieron con mucha alegría. El día anterior había sido el cumpleaños de Deepak, y todos comentaron que había hecho falta mi baile, jaja.
Todos han empezado a comentar sobre mi partida, como si no me quedara un mes. Me está dando la sensación que se va a volver dolorosa. Saila Dai no me deja de repetir que soy su hermana, que no me vaya, que va a llorar mucho. Hoy me dijo que yo SOY nepalesa. Yo siento lo mismo por ellos, pero me da un poco de vergüenza porque el favoritismo del resto de las voluntarias es notorio. Aún no sé qué es lo tan especial que tengo que me quieren tanto. Tal vez he pasado mucho tiempo con ellos.
(Viernes 25) En cuanto al voluntariado, ya retomé las actividades. Estoy enseñando a los niños de los cursos más grandes (clases 6-10) sobre cómo escribir una noticia. Con los colegios particulares es más fácil porque saben inglés y me entienden lo que trato de explicar, a pesar de lo que les cuesta redactar en inglés (Cuando hablo de colegio particular debo recalcar que continúan siendo colegios pobres, sólo que los papás invierten algo de plata en un colegio más “decente”). Mi problema va con los municipales, que no hablan ni jota de inglés y los profesores no son muy colaboradores (Estoy trabajando sin Shyam, por lo tanto no tengo traductor oficial). Ayer me tocó ir a uno de los colegios privados y me tocó llevar a Beth, que no vive en mi casa pero va a trabajar conmigo en los Children´s clubs. Como no estaba Shyam, me tocó introducirla a los profesores y a los niños. Muy amorosa la chiquilla.
La otra cosa cómica fue que cuando la clase terminó se me acercó un grupo de niñas que me preguntó si de verdad yo era profesora de teatro. Les dije que sí. Me pidieron que por favor les hiciera alguna actividad, que ellas se morían de ganas de actuar. Así que les hice una de las actividades que solía hacer con mis talleres en Puerto Varas. Estaban feliz preparando su mini-obra cuando les tocó el timbre para volver a la clase. Así que les prometí que iba volver con más actividades. Hablé con Shyam en la tarde y me dijo que le parecía muy bien.
Ayer fue el cumpleaños de Sanguita. Bailamos, comimos, celebramos y llegó mucha gente. También vino Deepak (Que vive en el colegio). Se llenó de voluntarias (En la casa somos 5: Alanah, Isabel, Nina, Annette- de Suiza también- , y yo), además de Sigrid, que vive en la casa donde estaba Kristin, y Beth, que vive en la casa de Shyam y Jyotti. Bastante entretenido.
Hace un par de días tuvimos una comida suiza (¡No Dal Bat!) gracias a las dotes culinarias de Nina y Anette. Estuvieron toda la tarde cocinando y todos observándolas. No sé cómo se escribe, pero era una especie de macarroni con queso y son una salsa de manzana. Super rico. La otra semana Alanah e Isabel harán algo típico de Norteamérica (Repito información: Alanah es de Canadá e Isabel de Estados Unidos). No tengo idea que haré yo cuando me toque el turno. Creo que me simplificaré la vida y haré sopaipillas con pebre, que es bien parecido al roti nepalés y al pickle que hacen para todas las comidas. También pensaba en hacer manjar casero ¿Qué les parece? Hablando de comida, hoy tenemos viernes en Thamel, y vamos a celebrar Thanks Giving´s day con los voluntarios. Chori.
Me voy a tomar mi té con leche de la mañana. Estoy muerta de hambre y me queda una hora y media para el Dalbat (Tipín 9:30 desayunamos).
Por favor, no me pelen por mi subida de peso. No es mi culpa, es la comida nepalesa que no puedo evitar y que, además, es deliciosa.
Buenos días. Cambio y fuera.
Domingo 27 de noviembre de 2011
Mientras Alanah e Isabel cocinan en medio de la oscuridad (Nuevamente hay corte de luz), voy a escribir sobre un hecho en especial que me marcó hoy.
Resulta que me tocó ir a hacer clases a uno de los colegios públicos (Un 7° básico) y había un grupo de niños bastante desordenado (Como suele ocurrir en todos los colegios del mundo, al parecer). El tema fue que al terminar la clase los niños salieron y quedó en la sala una niña que lloraba. Le pregunté que le pasaba y me mostró el labio que le sangraba y me dijo, medio inglés- medio nepalés, que un niño le había pegado. Como yo no hablo nepalés (Algo hablo, pero es poco) no se me ocurrió mejor solución que comentárselo a otros profesores (Espero, queridos colegas, que me digan que la decisión tomada fue la correcta). El problema ocurrió cuando llamaron al niño y luego de hablar con él, tomaron una varilla y le pegaron en los brazos y las piernas. Yo tuve que presenciar todo, sin poder evitarlo. Aquí el que un profesor golpee es respetable, e incluso los papás lo agradecen. Yo, con mi mentalidad occidental, pienso que es horrible y me siento muy culpable. Estas son las cosas difíciles de lidiar con una cultura distinta a la nuestra.