Domingo 25 de diciembre de 2011. Agra, India.
| Varanasi, desde el Ganges |
¡¡¡Feliz navidad a todos!!! Les deseo yo, mientras escribo y contemplo a la vez la majestuosidad del símbolo de India: El Taj Mahal. La blanca maravilla me acompaña mientras me tomo un té con leche (una adicción generada en Nepal) y mi amiga Alanah lee un libro junto a mí.
Los dejé en el capítulo pasado con que nos habían engañado en Varanasi. Lo bueno de descubrir el engaño fue que pudimos disfrutar como realmente correspondía la ciudad. He recibido muchos comentarios de gente que ama Varanasi y gente que le carga, y puedo decir que entiendo ambas partes, pero no tienes derecho a decir que no te gusta sin antes haber tomado un botecito en el río Ganjes, especialmente en el atardecer. Desde el río puedes ver cómo se pone el sol detrás de esas construcciones antiquísimas, y la vida de la gente ahí. Vimos como la gente lleva a los muertos a la orilla y los sumergen en el agua, para luego cremarlos en la orilla y lanzar sus cenizas a las aguas. (Mientras escribo empiezan a cantar- o mejor dicho, a rezar- las mezquitas que se encuentran cerca nuestro, una experiencia totalmente “Agra-ica”, si consideras de background el Taj Mahal y los techos de las casas llenos de monos, ardillas y uno que otro loro). Cuando avanzas con el botecito, ves a la gente que antes quemó a sus muertos, cómo se meten al río para purificarse (¡Si nos metemos nosotros nos morimos al instante! ¡Imagínense la cochinada!). En fin, Varanassi es totalmente místico y especial, a pesar de la locura india, las vacas, los rickshaws, los tuk-tuks, la gente tratando de sacarte plata, las bocinas, la suciedad; pero llena de colores.
Como no encontramos tren para el día siguiente, nos quedamos un día más en Varanasi, y el día que tomábamos el tren nos fuimos de paseo a Sarnath, que queda a unos pocos kilómetros y es el lugar donde Buda se iluminó y empezó a predicar. Nos dijeron que podíamos tomar un rickshaw para ir ahí (Para el que no sabe, el rickshaw es una especie de taxi, donde el tipo pedalea y tu vas en el carrito trasero), pero no es recomendable, casi matamos al pobre viejito. Al menos espero que se haya ido contento con sus luquitas. En Sarnath estuvimos metidas en medio de unas ruinas antiquísimas, y estuvimos frente a la estupa donde Buda dio su primer sermón. ¿Creen que con este panorama yo también me iluminé? Al contrario, me entretuve muchísimo más mirando jugar a las ardillas, animalillo que no había visto en mi vida. Alanah se mataba de la risa conmigo, porque ella las ve todo el tiempo en Canadá. Después de las ruinas, dimos una vueltita por la ciudad que está llena de homenajes a Buda, especialmente un buda gigante que fue contruído hace poquito, pero de todas maneras, impactante.
Así ese día llegamos a la estación de trenes y nos encontramos con otros turistas que nos contaron que debido a la neblina sus trenes se habían atrasado, algunos, más de veinticuatro horas. Por suerte el nuestro salió a la hora señalada y no tuvimos problema para tomarlo. En India existen muchas categorías para viajar en tren y pagamos por viajar en cama, pero la cama más barata. Así convivimos con cientros de ronquidos, llantos de guaguas y olores varios, entre el frío de la noche.
Pero íbamos contentas porque habíamos tomado el tren a la hora. Nos importaba mucho eso porque sólo teníamos el jueves para visitar el Taj Mahal (El viernes está cerrado y después teníamos que ir a Pushkar). “Despertamos” (Entre comillas porque no dormimos casi nada) a las 7:30 AM y nos preparamos para bajarnos en la próxima estación. Pero la próxima estación no era Agra. Y la siguiente tampoco. Alguien nos dijo que debido a la neblina el tren se había atrasado ¡5 horas! No importa, pensamos, aún nos quedaba la tarde para visitar el gran monumento. El problema fue que a las 5 horas el tren no llegó, y a la sexta hora tampoco. El tren, finalmente, llegó a Agra a las 16:30 de la tarde, y el Taj Mahal cerraba a las 17:00. El taxista, amoroso (no es tan común), corrió hacia el hotel, hizo que dejáramos las maletas sin registrarnos, y por el mismo precio nos dejó a una cuadra del Taj Mahal, insistiendo que corriéramos para lograr entrar. Mientras corríamos la gente nos alentaba y todos gritaban ¡¡Estan cerrando!! ¡¡Corran, corran!! Y nosotras, las turistas desesperadas tratabamos de acelerar el paso. Al llegar.... Cerrado. Ninguna posibilidad de entrar. Muertas de la pena, nos fuimos al hotel, y por suerte, desde la terraza (donde estoy ahora) pudimos contemplar cómo el sol desaparecía y el Taj Mahal se esfumaba en la oscuridad, como un espejismo.
El día viernes (23) Decidimos que no nos íbamos a deprimir y nos fuimos a recorrer todos los otros monumentos que no cierran los viernes. Fuimos al Fuerte de Agra, que es una increíble construcción medieval, fuimos al Itimad-ud- daulah, o también llamado el “baby Taj Mahal”, otra tumba bien bonita. También, fuimos a una mesquita donde la gente nos miraba con cara de extraterrestres porque no éramos musulmanas, además de recorrer las calles de Agra. También hicimos turismo gastronómico y nos dedicamos a chanchar con las delicias de la comida india (Ultra recomendada). Así, nos encantó Agra y nos quedamos a dormir esa noche (El tren estaba atrasado) esperando tomarlo a las 5 de la mañana y encontrarnos con Felipe y un amigo de él en Pushkar.
El problema fue que nuestro turismo culinario nos anduvo pasando la cuenta, y a las 3 de la mañana, Alanah empezó con unos vómitos que duraron el resto de la noche. La pobre estaba tan mal, que tomamos la decisión de no tomar el tren. Lo raro era que a mi no me pasaba nada, si habíamos comido lo mismo. A las 6:30 de la mañana, partí a buscar algún lugar abierto para comprar agua para mi deshidratada amiga y empecé a sentir un poco de náuseas. A lo mejor es paranoia, pensé. De todas maneras, al volver me tomé un remedio. Nos levantamos a las 11:00 de la mañana, y Alanah se sentía algo mejor como para levantarse y acompañarme a tomar desayuno. El problema fue al comer mi primera cucharada. En menos de dos segundos desaparecí del restorán y corrí las dos cuadras que me separaban del hotel para llegar al baño. Ahora las enfermas éramos dos. Al menos a mi no me llegó tan fuerte, pero estuvimos todo el día sintiéndonos muy mal y a las 14:00 tomamos la descición que a pesar de la intoxicación, esto era una oportunidad para ir a ver el Taj Mahal. Así que con náusea y todo, partimos a visitar la famosa tumba.
¡¡¡Definitivamente valió la pena!!! ¡Qué lugar más maravilloso! Aún no puedo dejar de deslumbrarme con lindo que es. Estaba repletísimo de gente, pero eso no fue obstáculo para sacarnos cientos de fotos, con nuestras caras de enfermas. A pesar de lo mal que andábamos, unos cuantos indios 8bastantes, a mi parecer) se nos acercaban a nosotras para sacarse fotos ¡Nos sacaban fotos a nosotras cuando tenían al Taj Mahal al frente). Según ellos que éramos muy lindas. Así que estoy considerando quedarme en India para subirme el autoestima con más frecuencia, jaja.
Después del Taj, Alanah se sentía muy mal así que se fue a dormir. Yo la acompañé, pero en la oscuridad del la pieza (no había luz) me bajó la depresión navideña y el llanterío automático. En el último tiempo no habíamos visto ningún símbolo de navidad y me bajó el echar de menos a mi familia y el querer compartir con ellos ese día tan especial. También sentía, debido a que India y Nepal no son países católicos, que no había tenido la preparación espiritual adecuada. Estaba viviendo en un limbo anti-navideño. La dulce de mi amiga Alanah, a pesar de lo mal que se sentía, trató de animarme y estuvimos conversando harto rato en la oscuridad comentando navidades pasadas, y comparando las navidades canadienses y chilenas. Al final, decidimos ir a tener nuestra comida de noche buena: Para Alanah tostadas y para mí una sopa con fideos.
Como en Chile era temprano, cerca de las 9 de la noche decidí que la mejor manera de pasar las penas y celebrar la navidad era llamar a personas queridas, así que me entretuve hablando en Skype con mi amiga Paula (Que siempre tiene el consejo preciso o la perfecta frase para animarme) y luego con mi familia, que tenían una chacotera espantosa. Me acosté antes de las 12:00 pensando que mi navidad no fue tan mala después de todo.
Al otro día, es decir, hoy, me levanté a las 8:00 de la mañana para pillar a mi familia en Chile en sus celebraciones. Allá eran 10 para las 12:00, así que por camarita participé de los abrazos navideños y de las conversaciones, mientras ellos se comían un rico postre, jaja. Fue como estar allá y me sentí muy feliz. Además, con Alanah fuimos a buscar más tarde una iglesia católica, la que encontramos y nos quedamos un rato ahí para rezar. Alanah no es católica, pero estaba muy feliz de acompañarme y de participar. Su familia es protestante y creo que se entretiene preguntándome cosas sobre la virgen, porque no sabe mucho. Quiero buscar una versión en inglés del Ave María para regalársela, porque no la conoce y le gustaría saberla.
Esa ha sido mi vida hasta hoy. Podía llamarla “Una experiencia TOTALMENTE india”. Advierto que oportunidades para escribir tengo my pocas, y espero poder tener más en el futuro, pero se viene complicado. Sólo pido paciencia. Espero que hayan pasado unas increíbles fiestas y que el niñito Jesús los llene de esperanza para resolver los problemas que puedan tener y para mantenerlos junto a sus seres queridos.
Adieu. Domingo 25 de diciembre de 2011. Agra, India.
¡¡¡Feliz navidad a todos!!! Les deseo yo, mientras escribo y contemplo a la vez la majestuosidad del símbolo de India: El Taj Mahal. La blanca maravilla me acompaña mientras me tomo un té con leche (una adicción generada en Nepal) y mi amiga Alanah lee un libro junto a mí.
Los dejé en el capítulo pasado con que nos habían engañado en Varanasi. Lo bueno de descubrir el engaño fue que pudimos disfrutar como realmente correspondía la ciudad. He recibido muchos comentarios de gente que ama Varanasi y gente que le carga, y puedo decir que entiendo ambas partes, pero no tienes derecho a decir que no te gusta sin antes haber tomado un botecito en el río Ganjes, especialmente en el atardecer. Desde el río puedes ver cómo se pone el sol detrás de esas construcciones antiquísimas, y la vida de la gente ahí. Vimos como la gente lleva a los muertos a la orilla y los sumergen en el agua, para luego cremarlos en la orilla y lanzar sus cenizas a las aguas. (Mientras escribo empiezan a cantar- o mejor dicho, a rezar- las mezquitas que se encuentran cerca nuestro, una experiencia totalmente “Agra-ica”, si consideras de background el Taj Mahal y los techos de las casas llenos de monos, ardillas y uno que otro loro). Cuando avanzas con el botecito, ves a la gente que antes quemó a sus muertos, cómo se meten al río para purificarse (¡Si nos metemos nosotros nos morimos al instante! ¡Imagínense la cochinada!). En fin, Varanassi es totalmente místico y especial, a pesar de la locura india, las vacas, los rickshaws, los tuk-tuks, la gente tratando de sacarte plata, las bocinas, la suciedad; pero llena de colores.
Como no encontramos tren para el día siguiente, nos quedamos un día más en Varanasi, y el día que tomábamos el tren nos fuimos de paseo a Sarnath, que queda a unos pocos kilómetros y es el lugar donde Buda se iluminó y empezó a predicar. Nos dijeron que podíamos tomar un rickshaw para ir ahí (Para el que no sabe, el rickshaw es una especie de taxi, donde el tipo pedalea y tu vas en el carrito trasero), pero no es recomendable, casi matamos al pobre viejito. Al menos espero que se haya ido contento con sus luquitas. En Sarnath estuvimos metidas en medio de unas ruinas antiquísimas, y estuvimos frente a la estupa donde Buda dio su primer sermón. ¿Creen que con este panorama yo también me iluminé? Al contrario, me entretuve muchísimo más mirando jugar a las ardillas, animalillo que no había visto en mi vida. Alanah se mataba de la risa conmigo, porque ella las ve todo el tiempo en Canadá. Después de las ruinas, dimos una vueltita por la ciudad que está llena de homenajes a Buda, especialmente un buda gigante que fue contruído hace poquito, pero de todas maneras, impactante.
Así ese día llegamos a la estación de trenes y nos encontramos con otros turistas que nos contaron que debido a la neblina sus trenes se habían atrasado, algunos, más de veinticuatro horas. Por suerte el nuestro salió a la hora señalada y no tuvimos problema para tomarlo. En India existen muchas categorías para viajar en tren y pagamos por viajar en cama, pero la cama más barata. Así convivimos con cientros de ronquidos, llantos de guaguas y olores varios, entre el frío de la noche.
Pero íbamos contentas porque habíamos tomado el tren a la hora. Nos importaba mucho eso porque sólo teníamos el jueves para visitar el Taj Mahal (El viernes está cerrado y después teníamos que ir a Pushkar). “Despertamos” (Entre comillas porque no dormimos casi nada) a las 7:30 AM y nos preparamos para bajarnos en la próxima estación. Pero la próxima estación no era Agra. Y la siguiente tampoco. Alguien nos dijo que debido a la neblina el tren se había atrasado ¡5 horas! No importa, pensamos, aún nos quedaba la tarde para visitar el gran monumento. El problema fue que a las 5 horas el tren no llegó, y a la sexta hora tampoco. El tren, finalmente, llegó a Agra a las 16:30 de la tarde, y el Taj Mahal cerraba a las 17:00. El taxista, amoroso (no es tan común), corrió hacia el hotel, hizo que dejáramos las maletas sin registrarnos, y por el mismo precio nos dejó a una cuadra del Taj Mahal, insistiendo que corriéramos para lograr entrar. Mientras corríamos la gente nos alentaba y todos gritaban ¡¡Estan cerrando!! ¡¡Corran, corran!! Y nosotras, las turistas desesperadas tratabamos de acelerar el paso. Al llegar.... Cerrado. Ninguna posibilidad de entrar. Muertas de la pena, nos fuimos al hotel, y por suerte, desde la terraza (donde estoy ahora) pudimos contemplar cómo el sol desaparecía y el Taj Mahal se esfumaba en la oscuridad, como un espejismo.
El día viernes (23) Decidimos que no nos íbamos a deprimir y nos fuimos a recorrer todos los otros monumentos que no cierran los viernes. Fuimos al Fuerte de Agra, que es una increíble construcción medieval, fuimos al Itimad-ud- daulah, o también llamado el “baby Taj Mahal”, otra tumba bien bonita. También, fuimos a una mesquita donde la gente nos miraba con cara de extraterrestres porque no éramos musulmanas, además de recorrer las calles de Agra. También hicimos turismo gastronómico y nos dedicamos a chanchar con las delicias de la comida india (Ultra recomendada). Así, nos encantó Agra y nos quedamos a dormir esa noche (El tren estaba atrasado) esperando tomarlo a las 5 de la mañana y encontrarnos con Felipe y un amigo de él en Pushkar.
El problema fue que nuestro turismo culinario nos anduvo pasando la cuenta, y a las 3 de la mañana, Alanah empezó con unos vómitos que duraron el resto de la noche. La pobre estaba tan mal, que tomamos la decisión de no tomar el tren. Lo raro era que a mi no me pasaba nada, si habíamos comido lo mismo. A las 6:30 de la mañana, partí a buscar algún lugar abierto para comprar agua para mi deshidratada amiga y empecé a sentir un poco de náuseas. A lo mejor es paranoia, pensé. De todas maneras, al volver me tomé un remedio. Nos levantamos a las 11:00 de la mañana, y Alanah se sentía algo mejor como para levantarse y acompañarme a tomar desayuno. El problema fue al comer mi primera cucharada. En menos de dos segundos desaparecí del restorán y corrí las dos cuadras que me separaban del hotel para llegar al baño. Ahora las enfermas éramos dos. Al menos a mi no me llegó tan fuerte, pero estuvimos todo el día sintiéndonos muy mal y a las 14:00 tomamos la descición que a pesar de la intoxicación, esto era una oportunidad para ir a ver el Taj Mahal. Así que con náusea y todo, partimos a visitar la famosa tumba.
¡¡¡Definitivamente valió la pena!!! ¡Qué lugar más maravilloso! Aún no puedo dejar de deslumbrarme con lindo que es. Estaba repletísimo de gente, pero eso no fue obstáculo para sacarnos cientos de fotos, con nuestras caras de enfermas. A pesar de lo mal que andábamos, unos cuantos indios 8bastantes, a mi parecer) se nos acercaban a nosotras para sacarse fotos ¡Nos sacaban fotos a nosotras cuando tenían al Taj Mahal al frente). Según ellos que éramos muy lindas. Así que estoy considerando quedarme en India para subirme el autoestima con más frecuencia, jaja.
Después del Taj, Alanah se sentía muy mal así que se fue a dormir. Yo la acompañé, pero en la oscuridad del la pieza (no había luz) me bajó la depresión navideña y el llanterío automático. En el último tiempo no habíamos visto ningún símbolo de navidad y me bajó el echar de menos a mi familia y el querer compartir con ellos ese día tan especial. También sentía, debido a que India y Nepal no son países católicos, que no había tenido la preparación espiritual adecuada. Estaba viviendo en un limbo anti-navideño. La dulce de mi amiga Alanah, a pesar de lo mal que se sentía, trató de animarme y estuvimos conversando harto rato en la oscuridad comentando navidades pasadas, y comparando las navidades canadienses y chilenas. Al final, decidimos ir a tener nuestra comida de noche buena: Para Alanah tostadas y para mí una sopa con fideos.
Como en Chile era temprano, cerca de las 9 de la noche decidí que la mejor manera de pasar las penas y celebrar la navidad era llamar a personas queridas, así que me entretuve hablando en Skype con mi amiga Paula (Que siempre tiene el consejo preciso o la perfecta frase para animarme) y luego con mi familia, que tenían una chacotera espantosa. Me acosté antes de las 12:00 pensando que mi navidad no fue tan mala después de todo.
Al otro día, es decir, hoy, me levanté a las 8:00 de la mañana para pillar a mi familia en Chile en sus celebraciones. Allá eran 10 para las 12:00, así que por camarita participé de los abrazos navideños y de las conversaciones, mientras ellos se comían un rico postre, jaja. Fue como estar allá y me sentí muy feliz. Además, con Alanah fuimos a buscar más tarde una iglesia católica, la que encontramos y nos quedamos un rato ahí para rezar. Alanah no es católica, pero estaba muy feliz de acompañarme y de participar. Su familia es protestante y creo que se entretiene preguntándome cosas sobre la virgen, porque no sabe mucho. Quiero buscar una versión en inglés del Ave María para regalársela, porque no la conoce y le gustaría saberla.
Esa ha sido mi vida hasta hoy. Podía llamarla “Una experiencia TOTALMENTE india”. Advierto que oportunidades para escribir tengo my pocas, y espero poder tener más en el futuro, pero se viene complicado. Sólo pido paciencia. Espero que hayan pasado unas increíbles fiestas y que el niñito Jesús los llene de esperanza para resolver los problemas que puedan tener y para mantenerlos junto a sus seres queridos.
Adieu.
| Donde Buda hizo su primera prédica |
| Listas para nuestro primer viaje en tren! |
| ¡Y no alcanzamos a entrar! |
| Agra Fort |
| Enfermas, pero entramos!!! |
| Viva el Taj Mahal!!! |