Lunes 3 de Octubre de 2011
Han pasado hartas cosas. Pero no seré bien breve. El jueves fue la celebración en la oficina de VIN. Ha sido, definitivamente, la fiesta más chistosa en la que me ha tocado estar. Música nepalesa y todos bailando, con comida casera típica de acá como picoteo. (Olvídense de las clásicas papas fritas).
El viernes partí a Chitwan. Si ya les había comentado lo terrible de las micros y las motos, no me había tocado comentar sobre lo espantosos de los buses. Partiendo con que la distancia entre Katmandú y Chitwan es de algo así como 250 kilómetros, ¡Y nos demoramos 7 horas y media!. Un camino lleno de curvas, con un tráfico espantoso, con la gente del bus vomitando todo el viaje, con camiones sin chofer a la mitad del camino, con un calor espantoso... uf... algo para no recordar.
El día que tuve exclusivamente para Chitwan ha sido yo creo que de los mejores de mi vida. No me quiero alargar porque a pesar de lo increíble, forma parte del turisteo y no de la vida nepalesa, que creo que es lo que más me interesa contar. Pero resumo con que partimos temprano en un paseo en canoa, sacándole fotos a cocodrilos, rinocerontes y diversas aves (Vimos tres rinocerontes!!!) luego nos internamos en la selva, donde encontramos castillos construidos por las termitas, y con huellas frescas de tigre (Es muy difícil encontrarlos, pero eso significa que estuvimos cerca). Luego nos tocaba, según el programa “Elephant bathing”, lo que todos pensamos que significaba que íbamos a tener que bañar al elefante. ¡Resulta que el elefante nos bañó a nosotros! Me hicieron subirme al elefante y el con su trompa nos tiraba agua y luego nos tiraba al río. Eso fue lo mejor del día. Bañarte con un elefante es algo si tienen la oportunidad, háganlo.
Después de almorzar nos fuimos al paseo en elefante. Ahí los elefantes tenían unos asientos en su lomo en el que cabían cuatro personas y nos internamos en la selva. Ahí encontramos venados. Si alguien del colegio me está leyendo, por favor díganle al 3°B que me acordé mucho de ellos, porque era como estar en “El Libro de la Selva “. El paseo terminó viendo una increíble puesta de sol, con un gran sol naranjo que se despedía en medio del bosque, igual a las películas africanas (pero en Asia). Se me olvidaba comentar nuestro team de múltiples países: Josh, de Nueva Zelanda; Danielle, brasilera; Kristin, de Estados Unidos; Kier, de Australia (A ella la conocí cuando llegué, ya les había hablado de ella), y la chilenita aquí presente. Buen grupo. Lo pasamos bastante bien. Aparte de nosotros en el hotel estaba lleno de chinos. Definitivamente como turistas, son bastante graciosos.
Ahora volví a la casa. Y eso también es bueno, este lugar ya es mi hogar en Nepal. Es bueno sentir un lugar como propio y no como la invitada. Pasé a buscar mi Kurta, y creo que me queda bastante bonito, pero me aprieta un poco así que voy a ver si mañana voy a pedir que me lo arreglen. Hoy trajeron dos cabras a la casa y mañana en la mañana las van a sacrificar. Hoy todo el mundo andaba comprando cabras (me tocó venirme con unas cuantas en la micro, una pena.) Mañana voy a escribir más, porque van a pasar cosas y, además, necesito realizar algunas reflexiones que ahora me cuesta definir porque me estoy quedando dormida. Buenas noches.
Martes 4 de octubre de 2011. Jitpurphedi, Nepal.
Sobre el amor, sexualidad y otros similares.
Hace varios días que quiero comentar sobre este aspecto, que me tiene bastante intrigada y ha sido fruto de varias conversaciones con otros voluntarios. Llama la atención lo románticas que son las canciones nepalesas, bastante respetuosas e inocentes (No digamos que las latinoamericanas son así). Las películas (Tanto las nepalesas, que son bien malas, como las de Bolywood, que son geniales) tienen la misma tónica: Puro romance, flores y mariposas.
A pesar de ese panorama, siento que no me ha tocado ver amor entre las personas que he conocido. En mi familia, por ejemplo, el matrimonio principal no se habla. Se casaron a los 13 años (me imagino que por arreglo entre las familias) y si no nos dicen que son matrimonio, no lo creo. El otro matrimonio es el segundo matrimonio de él, y no tengo claro tampoco si hay amor. Lo que sí, ellos hablan más y ella lo atiende cual geisha. Ninguno de los matrimonios duermen en la misma pieza. Hay otro matrimonio amigo, jóvenes, pocos meses de casados, y él es bastante raro con ella. A veces él duerme en mi casa (En la pieza de los hombres) y ella pasa sola en su casa. Y viven al lado de nosotros.
Además, lo más raro de todo es la relación hombre- mujer y entre personas del mismo sexo. Culturalmente es mal visto las muestras de amor entre hombre y mujer en público, pero está totalmente aprobado las muestras de afecto entre personas del mismo sexo. Si vienes por primera vez a Nepal y no sabes nada de su cultura, jurarías que son todos homosexuales. (Con todo respeto, nada en contra de quienes de verdad lo son). Todos tomados de la mano en la calle, abrazados... para alguien que viene de occidente es bastante, como decirlo, distinto. ¿Qué pasa con las mujeres de este país, que crecen con el imaginario de las películas y las canciones, y resulta que se casan con un tipo, muchas veces por matrimonio arreglado, que no las mira pero que pasa abrazando al vecino? Perdón María José, pero no estoy segura de tener interés en salir con un nepalés.
Cambiando un poco el tema, ayer me tocó el sacrificio de las cabras. Atroz. Una ceremonia en que creo que bendecían a la cabra, y luego... corte de cabeza. Esa parte no fui capaz de verla, pero aún así después se cruzó la cabeza por mi camino. Al final, en buen chileno uno tiene que ser “cuero de chancho” para estas cosas. La cabeza estuvo casi de adorno todo el día. Y al final me comí a la cabra, tratando de no pensar en el sacrificio de la mañana.
Hoy llegó Dani, mi amiga brasilera, a quedarse una noche a Jitpur. Genial, porque habla español así que ando feliz hablando nuevamente en mi idioma. El día terminó con una buena puesta de sol, y múltiples bailes nepaleses. Creo que de a poco mejoro con el ritmo de esos lados.
Ok todo por ahora.
Miércoles 5 de octubre:
Qué increíble cómo pasa de rápido el tiempo. A veces no puedo creer que llevo 5 semanas viviendo en Nepal.
Hoy salimos a caminar con Kristin y Dani. (Kristin vive en la casa de Shiva Dai, su verdadera casa, aunque vive acá). Subimos por unas largas escaleras que llegaban a un increíble templo en construcción, que parece como si llegaras a las construcciones griegas. Increíble encontrar algo así en medio de la nada. Cuando estábamos en la cima, contemplando el paisaje, Dani se mandó un comentario que quiero repetir, porque creo que refleja la impresión de todos aquí: “Que tristemente lindo es este lugar”. Porque esta gente vive en un lugar realmente maravilloso, se mueren lo lindo que es. Pero sabes que detrás está la tristeza, la falta de esperanza, las mujeres trabajando todo el día, la rutina, la enfermedad, la suciedad, etc. Yo antes de venir pensaba en la importancia de preservar las costumbres de los pueblos, y de cierta manera lo sigo pensando, pero a veces pienso ¿Vale la pena preservar una cultura a costa del bienestar de la gente? Me cuesta entender como un país no produce nada. Estas gentes son agricultores y lo que cosechan es para ellos y a lo mejor venden un poco a otros. Nada más. En esta casa lo poco que tienen ni siquiera es para ellos mismos. Mi aama todo el día está cortando pasto para alimentar a sus búfalos, cuya única función es darnos leche. Hoy me enteré que el maíz que cosechan es para alimentar a los búfalos. Te aseguro que a pesar de ser gratis, es la leche más cara que me ha tocado probar. Detrás de ese delicioso sabor, sabes que detrás está una mujer con la espalda y la vida destruida. Aama debe tener unos 38 años, y se ve 20 años mayor que mi mamá de verdad (¿Puedo decir tu edad?).
Para seguir con la historia, después de contemplar la vista desde el templo, bajamos al pueblo (Llamo “el pueblo” tres almacenes, no es mucho más). En todos lados hay columpios en esta época. Lo pasamos muy bien columpiándonos al pie de un gran árbol, con un grupo de niños riendo y preguntándonos todo el tiempo “What is your name?” . Lo divertido es que cuando preguntamos de vuelta nunca entendemos sus nombres.
Así es . Jitpur es tristemente maravilloso. Con ese rojo sol golpeando en los verdes campos de arroz, con sus perfectas terrazas cayendo en los cerros, con las risas de los niños, pero ocultando todo el dolor de un pueblo que espero que con los años pueda surgir.
Martes 11 de octubre
Vengo llegando de Pokhara. Después de los tres principales días de Dashain, tomé mi mochila y junto a Kier, mi amiga australiana, partimos a pasar unos días a ese paraíso terrenal. Kier ya había ido antes, pero le habían tocado días nublados y no había podido ver las montañas. Además estaba enferma. Yo sólo tenía tres días para estar ahí y Kier prefirió hacer un trekking corto conmigo en vez de hacer uno largo sola. Querida familia, sólo quiero decirles que tienen que venir conmigo a Nepal para una próxima vez y hacemos el trekking al campamento base del Anapurna. Dicen que es maravilloso.
Con decirles que mi diminuto trekking de dos días fue sacado de película. Partimos a las 5 de la mañana a un cerro llamado Sarangkot a ver el amanecer en las montañas. Contratamos a un guía que resulto ser muy simpático y una muy buena ayuda para no perdernos (Dos mujeres solas en medio de los bosques podía ser medio peligrosón).
¿Cómo explico ese amanecer en Sarangkot? Dos veces en mi vida he estado a punto de ponerme a llorar ante la emoción de un espectáculo de la naturaleza: La primera fue cuando llegué a la base de las Torres del Paine, en Chile, y la segunda, cuando vi los primeros rayos del sol golpeando las majestuosas e imponentes montañas del Himalayas. Por supuesto, fue el festival de la fotografía. Después de tomar desayuno en unos de los cafecitos en Sarankot, partimos a caminar a través de cerros y aldeas bien similares a Jitpur: Con cabritas cruzando las calles, con las mujeres cortando pasto, con unos increíbles verdes campos de arroz, y con niños saliendo a nuestro encuentro. Cada vez que se nos cruzaban niños, las frases eran las mismas: “¡Jaló!” (“Hello”), “Give me sweet” “Give me school pen” “Give me money” o “Take me a photo”. Nos volvimos expertos en contestar “Chaina” (No tengo) y varias veces algunos niños malvados nos gritaron cosas que menos mal que no entendimos.
Después de bajar un enorme cerro, nos tocó subir uno muchísimo más alto. La mala salud de Kier y mi mal estado físico nos obligó a detenernos varias veces en el camino. Pero valió la pena. El detenerse y mirar hacia abajo para ver el valle era realmente impactante. Como a las 11 de la mañana las nubes se ubican exactamente EN las grandes montañas escondiéndolas. Entonces parece que las montañas nunca hubieran existido. Se volvió un juego el quién era el primero que descubría un pedacito de nieve entre las nubes.
Hasta que llegamos a Damphus, nuestra meta. Ahí nos instalamos en una hostal que según contaban (no podíamos comprobarlo porque estaba nublado) su vista era la típica postal de la cordillera del Anapurna. Totalmente comprobado a la mañana siguiente. Nos levantamos nuevamente al alba para contemplar cómo, después de observar los distintos colores del cielo, las imponentes montañas se iban iluminando con la llegada del sol. Festival de fotos nuevamente y después la última caminata para terminar como a las 13:00 horas. La experiencia fue increíble.
Pokhara es muy distinto al sucio y ruidoso Katmandú, con un precioso lago que me recordaba al sur, pero con templos espectaculares y montañas de un tamaño nunca antes visto. Cabe también mencionar que el día anterior a nuestro trekking nos fuimos en botecito a visitar una stupa con un Buddha dorado muy lindo (Sigo pensando cómo con tanta pobreza se gasta tanto en templos), y después en la tarde nos fuimos a visitar una comunidad tibetana, y escuchamos sus rezos adentro de un precioso lugar de oración. Definitivamente Dios no le pertenece a ninguna religión.
Entre tanta caminata y bosques, y praderas y tanta cosa, he tenido harto tiempo para pensar: Para analizar qué pasa con el mundo, con nuestra sociedad, con mi manera de ver la vida y como quiero vivirla de aquí en adelante. Se me ocurren muchas cosas, demasiadas, quizás. En mi “Volada” analítica, me compré un libro sobre el Che Guevara. Más allá de su postura política, me llama la atención que sus grandes decisiones fueron tomadas después de un viaje a los 25 años. Dentro del libro están los “Diarios de motocicleta” donde cuenta su experiencia. Qué increíble que él vio lo mismo que estoy viendo yo a miles de kilómetros de Chile, pero en mi propio país. Más allá del que si estoy de acuerdo o no, es muy interesante el cómo una persona decide observar la realidad del mundo para luego decidir buscar una solución con sus propias manos, sin esperar que sean otros los que actúen. Definitivamente el Che era un tipo bastante inteligente y sensible. Y aunque no comparto algunas de sus ideas, comprendo que tenga tantos seguidores.
Como conclusión, es mucho más fácil ser turista que vivir el día a día de estas personas. El estar aquí, a pesar de todo lo que me ha pasado, me provoca cada vez más angustia e impotencia. Cuando estoy en la casa y veo a la gente enferma, sacándose la mugre, sin recibir un peso, me dan ganas de tomar de nuevo la mochila y gastar mi plata en trekkings o en souvenirs en Thamel. Pero si mandara todo a la punta del cerro todo este viaje no tendría sentido.
PD: Se me olvidó contar que me regalaron un sari! Ya encontraba yo que era demasiado el regalo del la kurta, cuando aparecen el día jueves con un sari de regalo. Me dejaron muy arreglada y partimos a recibir tika de los familiares de Saila Dai, como si fuera una hija más. Les juro que me sentía como una princesa, como esas películas gringas cuando al final aparece la niña con un vestido espectacular. Al final, ellos te dan mucho más de lo que uno da.