lunes, 20 de febrero de 2012

Castillos y films de accion


16 de Febrero de 2012. Ooty, Tamil Nadu.
Así que llegué a Ooty, a pesar de los sufrimientos y rabietas. El día de ayer me lo pasé arriba de una micro, disfrutando de la linda vista que tiene parte del viaje entre Kodaikannal y Metapulayam (si es que lo escribo bien), que era el lugar donde tenía que tomar el famoso trencito de vapor. Al principio iba feliz, escuchando música y contemplando los increíbles cerros de Tamil Nadu. A las 9 horas, ya no quería saber más de la micro, claro. En un momento un señor se sentó al lado mío ¡y se quedó dormido en mi hombro el muy fresco! Yo no sabía qué hacer, especialmente después de una serie de malas experiencias con hombres indios que no relataré, cuando una viejita desde el otro lado del asiento me hacía señas para que le pegara al hombre. Fue muy chistoso pero a la vez me sentí muy mal porque no reaccioné a tiempo y me imaginé a la señora pensando “Estos occidentales...”
En fin, llegué a Metupalayam agotadísima, con un dolor de cabeza horrible y con ganas de tirarme en una cama y ver tele y dormir. Pero tenía que reservar mi ticket. Después de mucho rato haciendo trámites, me dicen que estoy en lista de espera, es decir, que sólo tomaría el tren si 23 personas que ya habían comprado no llegaban a tomarlo. La solución que me daban era llegar a las 5:30 de la mañana y ver qué pasaba. Fatal. Así, resignada y con ganas de llorar de lo agotada que me sentía, decidí gastar más de lo planeado y me quedé en un lugar con tele y agua caliente. Todo lo que necesitaba. Me quedé viendo películas tontas hasta que al fin me quedé dormida.
Hoy me levanté a las 4:40 de la mañana con mentalidad de ganadora. En medio de la oscuridad llegué a la estación de tren, donde no había más que una pareja. Entonces, a pesar de ser la 23 en el ticket, era la tercera en la fila. El nuevo problema apareció cuando me puse a buscar el ticket ¡Y no lo tenía! Desesperada, me puse a buscar gente que me ayudara a buscar una solución. Todos me miraban con cara de “y para que se preocupa tanto, si igual no se va a poder subir”. Dejé a unos franceses cuidando mi mochila y me devolví al hotel. Cuando entre a mi pieza ¡Había un señor durmiendo! ¡Planchón! Y más encima el ticket no estaba. Volví a la estación. Seguí preguntando a gente. Al final encontré al encargado (Todo esto porque ellos tenían mi nombre en una lista entonces podrían dejarme pasar) y me dijo que tenía que esperar a otro tipo de encargado. Por suerte, como era sólo yo la del problema, ni siquiera miraron mi pasaporte para comprobar que era yo la Natalia. Solo me dejaron pasar a un vagón que reservaban para los que estaban en lista de espera y otros. Lo mejor de todo es que quedé en la mejor ubicación, cerca de la locomotora y junto a la ventana de la izquierda, la que tenía toda la vista.
El tren valió absolutamente la pena. Los paisajes de las verdosas montañas te dejaban sin aliento. Andar en ese tren era como estar en una película del siglo XIX, y pareciera siempre que te fueras a caer del cerro. Increíble.
Llegué a Ooty como a mediodía y me hospedé en un dormitorio compartido con otros tres extranjeros que se acababan de conocer: Un serbio, un francés y una Sueca. Muy simpáticos. Ahora se me perdieron. Ellos querían descansar un rato al llegar y yo tenía habre y ganas de recorrer el lugar, porque quiero irme mañana así que los abandoné y me puse a caminar. Este lugar es conocido por el trekking, pero como era más o menos tarde para eso y estaba nublado, me bajó la rebeldía y me he pasado toda la tarde en cafés tipo Starbucks (Uno Indio buenísimo) haciendo prácticamente nada. He gastado más plata que todos los otros días tomándome super cafés y tortas de chocolate, ¡que cerda!
De todas maneras, un rato me fui a caminar por un jarddín botánico que hay por acá. Era muy bonito, porque resulta que ahí tenían una mezcla de árboles y plantas de todos lados del mundo. Caminé mucho por ahí y me entretuve mirando a los turistas indios, que definitivamente son muy distintos a los turistas occidentales. Después de eso, visité el mercado y saqué muchas fotos. Lo pasé muy bien. Es rico a veces disfrutar de la soledad y tomar mis propias decisiones de a donde quiero ir. Me encantó no hacer nada esta tarde aparte de dar vueltas y no me importa perderme los trekking de acá porque ya disfruté un montón con la vista del tren. Además, he caminado muchísimo esta última semana, me merezco un descanso.
Espero poder escapar a Mumbai en los próximos días. Mañana tomo un bus a Mysore, en Karnataka. No puedo creer que ya me estén quedando alrededor de 10 días de viaje. Tengo sentimientos encontrados. Echo de menos a mi familia y amigos, pero sé que va a ser difícil acostumbrarse nuevamente a la realidad; a las obligaciones, a los precios caros de Chile, a pasar más tiempo del debido con mi familia (con todo respeto)... ¡Quién sabe! No tengo idea lo que se viene para mí este año (Por más que me haya dicho cosas la astróloga del ashram), pero me gusta la idea de tan sólo dejarlo fluir y disfrutar, disfrutar y disfrutar de esta vida tan privilegiada.
21 de Febrero de 2012. Mumbai , India.
Poco tiempo para escribir y mucho para contar. Definitivamente Mysore y Mumbai son ciudades que me han gustado muchísimo y que ha sido muy buena idea visitar.
No sé cómo me encanté con Mysore después de un eterno viaje en un bus al que pagué más porque supuestamente se iba a demorar menos. Ustedes se podrán imaginar que cansancio+molestia+mucho calor (después del frío de Ooty) eran una bomba. Aún así, el paisaje en el viaje era muy lindo y vimos elefantes y monos grises con la cara negra, que parecen un poco más amigables que los otros monos que asaltan.
 Mysore está lleno de edificios antiguos de la época de los Ingleses. Es una ciudad mucho más ordenada que las otras y veías policías encargados del tráfico todo el tiempo. En Mysore me dediqué a caminar mucho, porque me quedé en un hostel que quedaba a 5 kilómetros del centro, pero que era bien limpio, económico y agradable (aún compartiendo con muchas mujeres en la misma pieza). Al día siguiente de llegar, me levanté bien temprano y empecé mi auto tour por los lugares típicos de la ciudad. Partí por el mercado. Lo que les pueda decir del mercado queda chico al lado de lo que realmente es. Puedo publicar fotos, pero nunca podré reproducir los olores, los sonidos y la calidad de la gente (con un cierto interés de que les compres, claro). Podría ser un mercado como los que podríamos encontrar en Chile, con la diferencia de que es India y no hay más explicación al respecto. Ahí podías encontrar frutas y verduras, perfumes, inciensos, cajitas de madera, flores para el templo y flores para el pelo (cada vez adoro más el olor a Jazmín, que usan las mujeres acá. Muy femenino.), dulces típicos del sur de India, pescados, arroz, legumbres, etc, etc etc... Me compré ahí un aceite que con alcohol se hace perfume. El tipo me contó que todas las grandes marcas de perfumes compran los aceites acá y luego los fabrican. Yo, claro, me llevé el Jazmín (Aunque no sea lo mismo que llevar las flores en el pelo).
Después del mercado, me fui al gran palacio del Maharaja. El palacio original se incendió a fines del siglo XIX, entonces un arquitecto inglés lo reconstruyó, con un nuevo estilo. Definitivamente quedé con la boca abierta. El palacio era alucinante, lleno de diseños indios maravillosos y colores mágicos. Lamentablemente no se podían sacar fotos adentro, pero si usted, señor y señora, tiene planes de ir a la India, vaya al palacio del Maharaja. La lleva.
Al terminar de impresionarme con este castillo sacado de película de Dysney, me fui, después de caminar por la ciudad, a tomar una micro y subir a un gran cerro donde hay un templo. Ese cerro no me impresionó tanto, así que lo bajé en la siguente micro.
Como aún eran las tres de la tarde, decidí irme a la estación de tren para comprar un pasaje que necesitaba con anticipación. De todas maneras no era un mero trámite, porque la estación en si es arquitectónicamente muy linda (al igual que los edificios alrededor). En la estación me encontré con Frida, la sueca que con la que había compartido la pieza en Ooty. Me contó que Dean (el serbio) y Flo (El francés) también habían viajado, pero en otro bus, así que no sabía donde estaban. Resulta que los tres se habían registrado en la misma hostal, así que nos quedamos en la noche conversando en la terraza del lugar, hasta que unas personas escandalizadas llegaron diciendo que los hombres estaban en zona de mujeres, y que no debían estar ahí. Así que nuevamente nos despedimos, porque yo partía al día siguiente a Mumbai y no los vería en la mañana.
Al día siguiente partí con una odisea que me dejaría completamete estresada. Me levanté a las 5:00 AM para estar a las 6:00 en la estación de tren. A las 6:45 partía el tren de Mysore a Bangalore. El viaje duraba tres horas, pero el problema era que tenía que hacer el check in antes de las 11:00 y el aeropuerto estaba a 45 kilómetros de la ciudad. En Chile recorres 45 kilómetros en 30 minutos. Acá en 1 hora y media, y existía la posibilidad de que el tren se atrasara y no tuviera tiempo de tomar el avión.
Así con el corazón en la mano, llegué a la hora correspondiente a Bangalore y entre la multitud de la gente traté de correr para encontrar un taxi. Sólo encontré un Tuk Tuk (El tipo moto-taxi) que aceptó llevarme por un montó mayor al de mi presupuesto. En fin, acepté porque no tenía tiempo y el tuktukero me llevó como si estuviera en una película de acción, esquivando autos y camiones y tocando su bocinita, todo esto a posiblemente 20 kilómetros por hora. Pero mi inteligente tuktukero no me iba a dejar perder el avión. Sin que yo lo supiera, en un punto se juntó con un taxista y me dijo “rápido súbete al taxi”, y le dijo al taxista que se apurara porque tenía poco tiempo para llegar al aeropuerto. El ir apurado a un aeropuerto en India no es cualquier cosa, pero por primera vez no me importó que el conductor manejara como un animal. Así llegué al aeropuerto y tomé el avión a Mumbai. (Lo del avión fue porque no habían pasajes en tren) y apenas me senté me quedé dormida. A la hora me desperté con el aviso de que íbamos a aterrizar.
Llegué a Mumbai con 35 grados de temperatura y a tomar otro taxi, porque al parecer no habían micros cerca. El flojo del taxista, como había taco, me quería dejar en cualquier lado y como yo estaba estresada la peleé hasta que me dejó en la puerta de la hostal. Cuando entré me dijeron que estaban llenos y que no podían recibirme. Ante mi estrés, le pedí serenamente si me podía sentar un segundo. Me senté, boté exactamente dos lágrimas (las que no botaba en un buen tiempo), respiré profundo, me sequé las dos lágrimas, acomodé mis cosas, me pusé nuevamente la mochila,agradecí al señor el permitirme sentarme ahí y seguí caminando. 5 minutos después, menos más, encontré un guest house que, a pesar de que no era muy barato, era el mejor precio que iba a encontrar alla.
Descansé un rato y partí a caminar. Ahí fue, como esperaba con ansias, que me encontré con un tipo que buscaba extras para una película de Bollywood. Como no confiaba mucho, el me dio todos los datos de la película para que lo buscara por internet, más todos sus datos. Nos juntaríamos junto con 40 personas más al otro día y me iban a pagar 5.000 pesos chilenos más el transporte, la comida y el maquillaje y vestuario.
La experiencia fue entretenida y aburrida al mismo tiempo. Aburrida porque no tuvimos que hacer nada en todo el día más que esperar. Entretenida porque era una película de acción y nos tocó ver como armaban toda una pelea. Me pusieron un vestido apretadísimo y me ultra peinaron y maquillaron. A pesar de lo incómoda que me sentía, recibí varios elogios, así que concluyo que una puede estar gordita y ser sexy al mismo tiempo, jaja.
La escena se trataba de que estábamos en una especie de castillo tipo medieval transformado en un ring de pelea, donde el actor principal actuaba con un gigantón en una jaula. El actor se llama John Abraham y tengo entendido que es considerado el “Brad Pitt” de la India, con justa razón. El tipo era un verdadero guapetón y era inevitable no mirarlo peleando con su increíble pinta (Mino, mino, mino). Aún así, lamento contarles que los actores de peleas no son super héroes y la pelea la grabaron por muchas partes, el tipo golpeándose y equivocándose varias veces. No es que estuviera mal en todo caso, sólo que una se hace la idea que, o son súper secos, o tienen un súper doble. Pobrecito John. El que era un experto era el dircetor de peleas de la película, un chino que daba la impresión de que se hubiera tomado 50 Red Bull antes de dirigir la escena. Si no fuera tan feíto podría ser él el actor de la película.
En fin, fue una experiencia increíble y era lo que me faltaba de la India. Ya me quedan los últimos días. Espero poder contar más antes de volver a Chile.




Trencito de vapor a Ooty


Vista desde el tren


Monos desgraciados mendigando comida 


Polvos para pintar en el mercado de Mysore

El Palacio del Maharaja, Mysore


The palace

En Bollywood!

Una foto ilegal (no se podia) Y de fondo, el director de la pelea practicando los pasos
No le pude sacar fotos, pero asi lo vi... John Abraham, el "Brad Pitt" de Bollywood (Y a mi me gusta m'as este parece)



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